Roberto Pérez Franco nos presenta hoy a las 7: 00 p.m., en el Campus Víctor Levi Sossa, edificio #1, segundo piso, de la Universidad Tecnológica de Panamá, la obra "Cenizas de ángel" acreedora del premio José María Sánchez.
En las siguientes líneas, una entrevista exclusiva con el autor.
Siento que el cuento moderno es el género más afín a mis intereses y aptitudes literarias. Desde joven me interesé en él, y lo he venido explorando desde hace ya catorce años. He preferido enfocar mis fuerzas en el cuento, ya que el tiempo del que dispongo para la escritura es limitado. Siento que ahora, tras tantos años y libros, he comenzado a entender mejor la estructura del cuento, aunque reconozco que no lo domino todavía.
Creo que sí. La reciente admiración que siento por grandes novelistas, en especial por Dickens, me ha llevado a desear escribir algún día una novela, aunque sea corta. Tengo dos temas en mente, uno urbano y uno campesino. Ya veremos. Estas cosas del arte no son automáticas.
Muchas personas se extrañan porque alguien tenga intereses tan disímiles como la ingeniería y la literatura. Pero esto no es tan inusual. Lo difícil, como tú dices, es balancear el tiempo y la energía entre ambas ocupaciones, sobre todo porque una te da de comer y la otra no. En realidad, no logro un balance: cuando estoy en una cosa abandono la otra casi por completo.
Sí hay símbolos recurrentes. Hay quien dice que un autor escribe un único libro, en varios tomos, durante toda su vida. Tal vez yo estoy escribiendo el mío. Sin embargo, es bastante claro que hay símbolos nuevos. Tal vez en el nuevo libro, se nota más la variedad intencional en los estilos de los cuentos. En cuanto a la madurez, creo que es correcto decir que hay algo de crecimiento. Empecé a escribir muy temprano. Siento ahora que mis primeros libros son más una "calistenia" que otra cosa. Sin embargo, fueron los primeros pasos en un largo camino que apenas empiezo. Coincido con los que perciben en el nuevo libro más control en el manejo técnico del cuento, pero no me siento - digamos - cuentista, al menos no todavía.
Cenizas de ángel está compuesto por quince cuentos. Algunos fueron escritos apenas unos días antes de la fecha de cierre del concurso, en 2005. Es interesante el efecto catalizador que ejerce una fecha tope en la productividad de un escritor. Otros cuentos fueron escritos en años anteriores; incluso hay uno que lo empecé en 1993. Además, son cuentos de exploración. Leí a muchos autores de cuentos, y esto me llenó de fuerzas y de ideas nuevas. Este ímpetu se reflejó en la variedad, casi juguetona, en el fondo y forma de los cuentos de la nueva colección.
Ese cuento es único en muchos sentidos. Creo que se encuentra entre los mejores tres cuentos que he publicado. Y sin embargo, por el matiz sexual del texto, es la clase de cuento que - por ejemplo - no me gustaría leer en un conversatorio literario donde se encuentren mis padres y mis tías. Dado que empecé a escribir tan joven, es comprensible que los cuentos de libros anteriores fuesen "castos" en el sentido de carecer de sensualidad explícita. Sin embargo, ahora que soy un hombre maduro, digamos, de treinta años de edad, y con seis años de casado, es normal que la vida que se refleja en mis cuentos esté libre de tabúes y sea más honesta en todo sentido, incluyendo lo sexual. Sin embargo, no es un cuento erótico. Es un cuento que "usa" lo erótico como recurso, pero no lo plantea como objetivo.
Creo que sí: "La intrusa" es mi cuento favorito de éste libro, al menos por ahora. La sensación que nos producen los cuentos, incluso a los mismos autores, cambia con el tiempo. Otro texto de la colección que me gusta es "Cenizas de ángel", que tiene un sabor totalmente distinto, más elaborado y simbólico. Coloco a ambos entre mis mejores cinco cuentos, junto con los cuentos "Vida" y "Cierra tus ojos", de mi libro anterior, y un cuento todavía inédito recién escrito, que publicaré en mi próximo libro. Sin embargo, entiendo que el cuento "Vida", que escribí en 1998 a los 22 años, sigue siendo considerado por algunos críticos - entre ellos Jaramillo Levi y Melquíades Villareal, como mi mejor cuento, una especie de precoz "opus magna".
El premio tuvo varios efectos positivos. Primeramente, me permitió reaparecer en el medio literario tras la ausencia de los años de estudio. Segundo, me di el lujo de invertir todo el dinero del premio en comprar una colección enciclopédica de grandes libros de la civilización occidental. Pero el mayor beneficio que tuvo el Sánchez fue, precisamente, servir - como dice José Ingenieros - de "rocío". Me movió a escribir más, porque sentí que estaba avanzando. Sabes que había participado en el Sánchez en 1999, sin más éxito que una mención honorífica, que merecí más en virtud del cuento "Vida" que por la gracia del libro entero. Sin embargo, tras recibir el premio único en 2005, sentí mis baterías recargadas y volví a escribir. Tengo ya más de setenta páginas de material nuevo. Aunque, siendo honesto, por cada cuento que escribo, siento que se me quedan sin escribir otros tres o cuatro que no sé cómo poner en palabras.
Los últimos informes de la Policía señalan que han muerto 99 personas por colisión.
La intolerencia al momento de conducir está relacionada con un "modelo de cultura y de valores intolerante" que cada vez es más notorio en nuestra sociedad.
Olmedo García, director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Panamá, considera que precisamente esta situación no nos da la "oportunidad de tener otro instrumento para resolver la mayor parte de nuestros conflictos".
García señaló que el problema de la intolerancia se ha desarrollado justamente porque se da mucho valor a la competencia y "queremos competir en todos los espacios de nuestras vidas".
Competir, según dijo, incluye destruir al otro, es por ello que "nos estamos tornando intolerantes y excluyentes y no comprendemos a las demás personas".
El experto citó el caso de los transportistas y dijo que cada día se están generando más conductas conflictivas y no se han buscado las formas para resolver este conflicto.
" El pasajero sigue siendo una mercancía más y cada día son más las muertes a causa de esta conducta", mencionó.
A su juicio, los conductores se están volviendo "psicópatas o neuróticos que no entienden que están ofreciendo un servicio y que éste tiene que ver con entender que los pasajeros".
Para el sociólogo, la intolerancia, en ocasiones, se deriva de conductas sociales, por ejemplo, cuando ocurre un accidente lo primero que las personas quieren "es agarrarse a golpes" y evidentemente esta conducta es intolerante.
Se le podría agregar, según el especialista, las cuentas que tengan que rendir a diario, el precio del combustible, el tráfico pesado, la crisis social, entre otras.
Añade que con 14 vías y un tráfico de 300 mil automóviles, evidentemente hay conflicto.
Modesto Herrera: "Los conductores de Panamá no tienen cuidado al manejar, atropellan a las personas por no ceder el paso y es un problema que principalmente tienen los chóferes de buses".
Antonio Rodríguez: "En Panamá se acabó la cortesía por parte de los conductores, manejan irresponsablemente, no ceden el paso a los transeúntes y por ello, ocasionan accidentes".
Milagros Samudio: "Los conductores pierden la paciencia todo el tiempo y por ello causan muchos accidentes. En ocasiones, nosotros los pasajeros, tenemos que aguantarnos los insoportables ruidos que producen los chóferes con sus pitos y troneras durante los tranques".
José Serrano: "Pienso que la intolerancia por parte de los conductores se debe muchas veces a la irresponsabilidad de los peatones al momento de cruzar las calles. Sin embargo, no excluyo a los buseros, puesto que son los mayores responsables de los accidentes que se registran a diario porque se creen los dueños de calle".
José Concepción: "Los conductores no toman las medidas pertinentes al momento de manejar y por ello, son los responsables de la mayoría de los accidentes de tránsito en nuestro país. Pienso que la Policía debe tomar cartas en el asunto y poner en práctica las leyes existentes".
“Cenizas de ángel”
Ingeniero y literato. Hoy nos presenta el libro ganador del certamen José María Sánchez.