El trabajo infantil condena a las niñas a la pobreza y el analfabetismo. Estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sugieren que en nuestra región hay cerca de 15 millones de trabajadores que apenas han cumplido los 15 años de edad. Si a esta cifra se suma el trabajo ejercido entre los 15 y los 18 años no cumplidos, la cifra se podría duplicar. En 1996, la OIT estableció que más de la mitad de los niños trabajadores del mundo son niñas y que la gran mayoría de ellas realiza trabajos invisibles que no son valorados y que ni siquiera son parte de las estadísticas oficiales.
Las niñas trabajadoras habitualmente no asisten a la escuela y permanecen ocultas como empleadas domésticas en casas de familia o asumen las responsabilidades y cargas dentro de sus propios hogares, muchas de ellas además ayudan a sus familias en la generación de ingresos y en oficios manuales. El trabajo viola el derecho a la educación de estas niñas manteniéndolas fuera de la escuela, obligándolas a abandonarla o interfiriendo en su rendimiento académico en caso de que se encuentren escolarizadas.
El trabajo infantil profundiza las desigualdades entre la infancia llegándose a encontrar una gran cantidad de niñas y niños laborando en basurales, cortando caña o en el servicio doméstico; son quienes no tienen ninguna posibilidad de gozar de su infancia, simplemente porque el trabajo las obligó a ser adultas antes de tiempo.
A lo largo del continente latinoamericano y los territorios caribeños se ha utilizado la niñez para solucionar muchos de los problemas económicos de las familias. Por mencionar algunos casos, encontramos que alrededor del 10% de la fuerza laboral de Haití está conformada por niños y niñas entre 5 y 9 años. Cerca de 120 mil niños son trabajadores domésticos no remunerados a quienes se les denomina restaveks y el 85% de ellos son niñas. La mayoría no asiste a la escuela ni recibe ningún tipo de educación. Algunas de estas niñas no tienen más de 5 o 6 años. En 1994 un estudio sobre niñas trabajadoras de 10 años demostró que el 20% estaba incorporadas al trabajo doméstico y el 70% a actividades informales del sector comercial. Según la encuesta de caracterización socioeconómica nacional de Chile (CASEN) de 1996, hay aproximadamente 49.500 casos de niños y niñas que trabajan y que tienen entre 6 y 14 años y 147.000 adolescentes y jóvenes entre 15 y 18 años que realizan algún tipo de actividad laboral. En Paraguay, el Comité de Derechos del Niño informó que hay cerca de 256 mil niños involucrados al trabajo en áreas urbanas y rurales, en fábricas, en pequeños negocios familiares, en la agricultura y en la ganadería, entre otros.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que en las áreas urbanas de América Latina sólo 25% de los y las adolescentes entre 13 y 17 años que trabajan están estudiando; en zonas rurales este porcentaje baja al 15%. Según la Encuesta de Hogares 1998 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en el Perú trabajan cerca de 1,500.000 niños y niñas menores de 18 años. En Brasil se corrobora que, de los niños y adolescentes entre 10 y 17 años, aquellos que tiene en mayor masa tasa de actividad poseen mayor tasa de escolaridad. En Ecuador el 49% de las niñas trabajadoras del área urbana y el 85% del sector rural trabaja sin recibir ninguna remuneración.
(Fuente: UNICEF)