Desde los primeros champús en polvo hasta los más modernos, los usos y costumbres en el lavado del cabello han cambiado de forma espectacular. Hace no tanto, más que champús existían jabones para la higiene del cuerpo o la cabeza, que no diferenciaban entre pelo seco, normal, graso, permanentado o decolorado.
La llegada del agua corriente revolucionó los hábitos higiénicos y se pasó del baño a la ducha, del lavado de cabeza semanal al enjabonado diario. Además, la investigación cosmética y dermatológica ha desarrollado un meticuloso proceso con miles de pruebas antes de poner en el mercado productos específicos cada vez más perfeccionados. La escasez de antaño ha derivado en cantidad y calidad.
Este líquido viscoso y perfumado de apariencia tan simple y que vertemos en la mano para limpiar el cabello es en realidad una sofisticada mezcla de productos. Los antiguos remedios caseros, como los aclarados de vinagre para suavizar y desenredar, las mascarillas de aceite de oliva, limón y huevo para nutrir o la cerveza para fijar, han dado paso a prolíficas gamas que lo cubren todo: champús "2-en-1", de frutas, con vitaminas, de tratamiento...
ZINC Y PANTENOL
Los tricólogos o especialistas del cabello, rama dentro de la dermatología, son conscientes de la importancia de los champús de tratamiento, cada vez más demandados y que batallan contra la grasa excesiva, la caspa o los problemas de descamación. Por eso, junto a los componentes habituales de cualquier champú, existen otros que introducen ingredientes activos para combatir alteraciones médicas. Es el caso del priritionato de zinc, que trata la caspa, o el pantenol, muy importante para el crecimiento y contenido hídrico del cabello.
Otra característica de los champús modernos es que han sustituido el jabón por los agentes limpiadores conocidos como surfactantes o tensioactivos. La razón es que los jabones tradicionales no interaccionan bien con las grasas en aguas duras, quedando el cabello con un aspecto mate y deslustrado.
Pero ¿qué son exactamente los surfactantes? Según explica el doctor John Gray en el libro El Mundo del Cabello, editado por el centro de Investigación de Procter & Gamble, fabricante de los champúes Pantene, Wash & Go y Head and Shoulder, "los surfactantes son las sustancias limpiadoras por excelencia". Y añade: "Su estructura molecular incorpora una pequeña carga eléctrica negativa muy útil, ya que el cabello tiene en su superficie la misma carga, y así ambas se repelen, es decir, el cabello repele la suciedad adherida a él y la espuma arrastra la grasa y el polvo".
Un buen champú no debe eliminar las grasas y aceites naturales de la propia piel, sólo las del cabello, y eso es exactamente lo que hay que entender por champú "suave", el que no daña el cuero cabelludo, el cabello o los ojos, con independencia de su olor, color o textura.
"2-EN-1"
En 1980 se produjo un salto cualitativo: Procter & Gamble lanzó los primeros champús "2-en-1", que hoy representan el 20 por ciento del mercado. Al principio fueron muy cuestionados por los propios científicos, que creían imposible mezclar en un mismo tubo agentes limpiadores y acondicionadores, pero en este momento todos los champús, en mayor o menor proporción, realizan este mezcla.
Los agentes acondicionadores son siliconas derivadas de sustancias naturales que tienen carga positiva y son por tanto atraídas por las cargas elestroestáticas negativas del cabello. El resultado es que las siliconas se depositan en el pelo, quedando éste más manejable, brillante y suave. Aunque se asegura que los acondicionadores dan más volumen, en realidad aumentan el peso del cabello y éste se ensucia antes, por eso debe aclararse enseguida con agua fría muy abundante, porque la mayoría de la gente utiliza mal el acondicionador.
Conservantes, aditivos estéticos -colorantes, perfume, etc.- y aditivos funcionales -control de un pH ligeramente ácido entre 3,5 y 4,5 y control de la viscosidad- son los otros componentes de un champú.
CUIDADOS COTIDIANOS
Conviene recordar que:
1) No hace falta frotar el cabello de forma agresiva al lavarlo, como hacen en tantas peluquerías: un leve masaje desde el cuero cabelludo a las puntas es suficiente.
2) No se necesita gran cantidad de champú: tendemos a utilizar más de lo debido.
3) El aclarado debe ser profundo, pasando del agua tibia a la fría. 4)Evitar en lo posible el secador y no utilizarlo nunca con el cabello chorreando, sino húmedo después de haber utilizado una toalla.
5) El secador debe emplearse a la menor velocidad y temperatura posibles, sin concentrar todo el calor en un punto concreto.