Aunque no se desnudaron más que el torso, la banda Red Hot Chili Peppers provocó la histeria y una explosión de adrenalina durante su presentación en el Panamá Canal Village de Amador, donde más de ocho mil personas de todas las edades, hombres y mujeres, cantaron, brincaron, gritaron y algunos (lanzados por sus amigos) hasta volaron por los aires al ritmo de cada éxito.
Le correspondió a Los 33, como teloneros, defender los colores por Panamá y lo hicieron tan bien, que el público se compenetró con su espectáculo, cantó sus canciones y los aplaudieron a rabiar. Los chicos, que interpretaron éxitos como “Sin ti” y “Múdate o muérete”, regalaron suéteres y gorras, al tiempo que se maravillaron de ver la impresionante cantidad de panameños rockeros. “¡Qué orgullo!”, dijo el vocalista Víctor Juliao, antes de dar paso a la banda californiana.
Ya para entonces la algarabía era desbordante. En escena tres enormes globos blancos sirvieron de pantallas gigantes para reflejar los videos de la banda en circuito cerrado. Así como el cuarteto saltaba en la tarima, así mismo saltaba el público, más aún cuando escuchó las primeras notas de “By The Way”, seguidas por “Scar Tissue” y temas como “Around The World”, hasta llegar a “Californication”” o los añejos “Give It Away” y “Under The Bridge”.
Desde señores que bordeaban los cuarenta años, hasta niños de nueve, una multitud de ‘teenagers’ con ‘piercings’, tatuajes y camisetas con mensajes muy claros como “Idiot”, chicas en su mayoría con jeans a la cadera, pulseras con luces fluorescentes, algunos hasta en sillas de ruedas, largas melenas, mucha cerveza y alguna que otra banderita panameña, conformaban el auditorio.
Aunque la noche era fresca, el calor imperaba, tanto por la cantidad de gente, como por lo encendido del ambiente. La cosa es que mientras la mayoría disfrutaba cada canción, los que más trabajaban eran los del equipo de seguridad, rescatando gente al borde del desmayo, afectados por claustrofobia o por falta de oxígeno, ya que para los que no estaban VIP, era difícil respirar en medio de tanto tumulto. A los que rayaban en la impertinencia por empinar el codo desde temprano, también se les puso un ‘stop’ y los conatos de peleas eran extinguidos con prontitud y esmero. Hubo hasta quien quiso pasarse de listo y aprovechar el ambiente ‘punk’ para fumar algo más que un cigarrillo, siendo drásticamente reprendido por unidades de la Policía Nacional. ¡Aquí el desorden es con orden!, dijeron los agentes del orden público.
Cuando los rockeros californianos abrieron sus bocas, para sorpresa de todos, saludaron en español: “¿Cómo están?”. La multitud contestó “¡Bien!” en medio de una lluvia de cerveza, “¡Un grito para toda la gente!”, dijo Flea, el bajista, mientras el público aplaudía con las manos arriba, algunos accionando sus encendedores. Chad Smith, en un solo de batería, regaló un par de bolillos y Anthony, el vocalista, meneó con gracia su trasero en el que tenía inscritas las letras MARCS.
Tras cerca de dos horas de espectáculos, la banda se despidió con un “muchas gracias y mucho amor”, antes de interpretar “Give it a way” y al grito de “otra, otra”, complacieron entonces con “Under the Bridge”, mientras el cielo se llenaba de colorido por la explosión de hermosos fuegos artificiales. ¡Ueeeeeeeee! decía el eco interminable de gente satisfecha que vivió su sueño de cantar a todo galillo junto a esta controversial banda de fama mundial.
El abogado de Fanning declinó hacer comentarios sobre la película.
A principios de esta semana, el experto en reestructuraciones Hobey Truesdell, que supervisó la liquidación del banco de inversiones Drexel Burnham Lambert, fue nombrado administrador de la quebrada Napster.