La puesta escénica “Boom a los Vicariantes del 18”, del grupo artístico teatral Espejo Roto, tuvo como principal propósito ensayar en medio de un ambiente “claustrofóbico”, en el que los actores vivieron momentos desesperantes hasta despertar sus primeros instintos de supervivencia.
El director, productor y escritor Arturo Wong ha querido enfocarse en develar “el lado humano” y quizás su lado primitivo, al ubicar su propuesta escénica en medio del “BOOM” inmobiliario y cómo este afecta a las personas en medio de grandes edificaciones yuxtapuestas, ruidos y consumismo, que aún se mantiene en pie después de una catástrofe apocalíptica.
Por su parte, el actor Charlie Sotelo se encontró en medio de un “paradigma personal”, puesto que es arquitecto y le fue difícil recrear su personaje, el cual vive momentos de agonía colectiva como consecuencia de la “construcción desmesurada”.
“Yo no creo que vamos por mal camino” y a raíz de esta contradicción, hubo cierta dificultad al principio, expresó Sotelo.
No obstante, la actriz Lili Koster aportó con su testimonio como espectadora del derrumbe de las torres gemelas el 9/11 en Nueva York, algo de lo que se contiene de hablar en público.
La obra también contará con una “utilería de primera” con materiales reciclables y basura, tal y como sería el escenario real de los vicariantes, dentro de un edificio abandonado, en medio de la nada.
Entre la utilería habrá dos muñecos, ellos son Safrán y Casino, que representan una especie de títeres o manipulación.
Los actores calificaron la trama de la obra como “no lineal”, en la que el director y su elenco buscaron en “la cotidianidad” para expresar sus emociones.
Wong comentó que para esta obra practican el “vale...” que muchos practican al no sentir interés por nada ni por nadie.