Divertido podría parecerles a Inés, Cuquita, Sissy y Margot hacer picadillo a los demás, en la puesta en escena de ABA producciones “El chisme no es bueno, pero como entretiene”. Pero, ese comportamiento, ese gozarse con el mal ajeno habría de costarles caro.
Bien lo dice el refrán “de lo que llevas traes”.
Más tarde o más temprano, una a una se irían quitando la careta. Entonces probarían en grandes e inesperadas dosis su propia y venenosa medicina.
Es que quien no construye, destruye. Ellas no perdonaban a nadie. Con esa lengua viperina acababan con la reputación de medio mundo.
Creían que tenían el mundo a sus pies.
Sentirse como en el séptimo cielo, porque tenían el poder que da don dinero, era algo a lo cual estaban acostumbradas.
Se creían irreductibles. Derrochar dinero a manos llenas, jactarse de su poder adquisitivo, de la ropa de marca que lucían, de los clubes sociales a los que pertenecían, de los viajes que realizaban, de sus posesiones, de las personalidades con las que se codeaban, de las donaciones caritativas que hacían para aparentar altruismo, alimentaba su ego.
Ser de fina estirpe. Esa era la imagen que ellas vendían.