Cuando conversé telefónicamente a un consejero matrimonial en busca de ayuda para desarrollar este título, soltó una carcajada y me comentó que estos temas que desarrollamos son muy fuertes. Quisiéramos hablar sólo de las cosas bellas del amor; pero los sentimientos ambiguos, las decepciones y traiciones forman parte de las relaciones de parejas, es imperante tratar el tema.
Yo era de las que pensaba que si me engañaban, todo acabaría. Tenía a un hombre que me amaba y me consentía, hijos maravillosos y una casa con un lindo jardín. Todo era perfecto, justo y como yo había planeado mi vida: perfecta.
No sé cómo ni cuándo las cosas cambiaron, o si realmente no eran tan perfectas como yo creía. Mi mundo se derrumbó y un día desperté a la dura realidad. El hombre a quien amaba, no era sólo mío, me era infiel con otra persona.
Mi primera reacción fue de rabia, me sentía furiosa, no entendía cómo puedo hacerme eso. Lo encaré, y él, en principio, lo negó. Cuando ya no pudo hacerlo más lo eché de la casa y lloré como nunca en mi vida. Lloraba de furia, de dolor, de desencanto; sólo podía pensar en el papel que hice frente a los demás.
Sin embargo, fui muy civilizada en mi relación posterior con él por los niños. Siempre estaba en casa por ellos y yo no soportaba ni verlo, él me decía que me amaba, pero para mí era una burla escuchar la palabra amor en sus labios.
Tiempo después manejaba mi carro cuando súbitamente comencé a llorar sin control alguno, no podía detenerme, tuve que dejar de conducir porque las lágrimas no me permitían ver el camino. Al llegar a casa, lo llamé y pronto vino. Con la cara desfigurada de dolor le pregunté ¿Qué sería de nuestras vidas de aquí en adelante? Y por primera vez en mucho tiempo lo dejé hablar. Sufría tanto o más que yo, charlamos, nos abrazamos y lloramos juntos, nos preguntamos cómo nos había pasado esto a nosotros que fuimos tan felices y que nos amábamos tanto.
Han pasado varios meses, y regularmente llegan a mi mente escenas del pasado que me hacen enfurecer y odiarlo. Pero enseguida me hablo a mi misma y me digo que de mí depende mi felicidad, pienso en lo que tenemos y en lo bien que podemos pasarlo juntos.
Recurro al libro "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus" de John Gray que me ha enseñado mucho de mi amado y de mí misma. Comprendo nuestras diferencias de género y aprendo día a día a vivir con ellas. Se lo recomiendo a todas las parejas.
He dejado mi actitud de princesita mimada que se lo merecía todo y actúo según mis sentimientos, le digo lo mucho que lo amo y lo necesito, le escribo cartas cursis que le encantan y él a su vez hace lo mismo; es más fácil expresar los sentimientos en un papel que hacerlo en persona. Guardo como un tesoro las cartas hermosas que me ha escrito y con las que lo conozco cada día mejor y aprendo cosas que en diez años de relación no sabía que sintiera.
Aprendí de la manera más difícil que para que una relación dure se necesita más que amor. Se debe dejar a un lado el orgullo que nos impide ser vulnerables y expresar lo que sentimos; tenemos que mostrar dedicación a la otra persona, cuidarla y mimarla como el primer día, debemos estar conscientes de que somos dos personas diferentes, con características individuales y distintas formas de ver la vida, pero que decidimos unirnos en busca de un compañero o compañera de vida.
Por último, y lo más importante, debemos tener fe y orar a un poder superior para que cure las cicatrices de nuestra alma, nos ayude a olvidar o que no nos duela el recordar. Arrodíllense los dos y pongan en Sus manos, su familia y su amor; si estar con esa persona te conviene, no se olviden invitarme a sus bodas de diamante.
En su vasta experiencia como consejero matrimonial, el Prof. Ramón Hernández de APLAFA ha visto muchos de estos casos. Nos dijo que la primera reacción de las personas engañadas es herir al transgresor, pueden incluso buscar a un tercero para hacerle probar de su propia medicina, una actitud es típica del varón engañado.
"Las heridas llevan a las personas a cometer todavía más errores" comentó Hernández. Las mujeres son más dadas a caer en la depresión. Hay personas que utilizan la traición para hacer del remordimiento un estado permanente en el otro.
De acuerdo al experto, dar la vuelta a la hoja es bien difícil, están involucrados sentimientos, pero si se considera que la relación vale la pena, por duro que sea, se debe perdonar. No se perdona de la noche a la mañana, la persona engañada va a observar detenidamente y con desconfianza para que la situación no se repita. Del amor y el perdón dependerá el futuro de la pareja.