El riesgo de incendio del automóvil luego de un accidente está siempre latente. Pensar en un derrame de combustible fuera del depósito (por fisura, deformación, cierre imperfecto, etc) asusta porque sabemos que es la fuente de mayor peligro de ignición. Pero es casi imposible que el auto tome fuego si antes no se forma una mezcla de aire y nafta -que se produce en 60 milisegundos-, y que haya una chispa para encenderla.
Desde 1912 se sumó otro riesgo con la aparición del automóvil con instalación eléctrica. Los cortocircuitos fueron y son otras de las principales causas de incendio, siempre bien alimentados, desde luego, por los materiales plásticos, caucho y, sobre todo, la pintura. De allí que sea necesario actuar preventivamente y extremar los cuidados en todos los órdenes.
Por ejemplo, en un auto con carburador, luego de un viaje de larga distancia a alta velocidad con tiempo caluroso o en zonas montañosas -con presión atmosférica baja-, puede bloquearse el paso de la mezcla a los cilindros, debido a un exceso de los vapores de la nafta. La mezcla de éstos con el aire en presencia de una chispa (eléctrica o de otro origen) o expuestos a temperaturas elevadas (más de 700°), puede producir un incendio.
Esto se puede prevenir con un trapo empapado en agua fría (o hielo) sobre la bomba de nafta y en algunos tramos del circuito de combustible. Para saber si el circuito mencionado está obstruido, hay que quitar la manguera del carburador.
Si lo hace, preste atención a que no haya derrame de combustible sobre el múltiple de escape, que está a muy alta temperatura. De allí que sea necesario revisar muy bien la fijación de las abrazaderas para evitar goteos de combustible y controlar que no haya mangueras cuarteadas.
En los autos con inyección, el riesgo de incendio por vaporización no es posible, ya que el sistema de llenado de la cuba de los carburadores no existe, siendo los inyectores los que dejan pasar el combustible.
Este puede producirse por alguna chispa provocada por el cable que conecta a masa, un mal contacto, la interrupción de un circuito bajo carga, el rozamiento de alguna parte metálica con el terreno, una conexión sin su fusible correspondiente o por un cable rozado por la chapa, caso éste último que puede recalentarlo hasta inflamar la aislación del mismo o la pintura. En caso de deformación por accidente, estas situaciones son gravitantes. También cabe la posibilidad de rotura de la batería, que contiene gases inflamables y puede provocar chispas.