Ciertamente que con lo agitado de la vida moderna, 24 horas se pasan en un abrir y cerrar de ojos. Y, si a la agenda apretada de las personas se añaden las distancias que hay que recorrer en avenidas caracterizadas por los tranques, antes de llegar a las casas dormitorios, entonces, no queda la menor duda de que el tiempo vale oro. Máxime el que se pasa con los hijos/as.
En la vida, si hay una etapa en que la presencia oportuna de las figuras materna y paterna son más necesarias para el individuo, es durante la infancia. Esos momentos que se le niegan a niños y niñas, amparados en excusas razonables o no, a la larga se pagan con creces, cuando hay adultos/as inseguros/as y con una serie de problemas psicológicos derivados de la ausencia de afecto, baja autoestima y sentimiento de que no encajan en la sociedad, porque: "no me quieren", "no soy importante", "no me toman en cuenta", "no sirvo", "soy un/a malo/a para todo", "soy un/a fracasado/a" y otras ideas y sentimientos dañinos a su personalidad que van interiorizando y aceptando como verdades irrefutables con el correr del tiempo.
Madres y padres de familia, todavía pueden reorganizar su agenda y priorizar dedicar a sus hijos/as más tiempo y que la calidad de éste sea tal que los minutos, horas o días pasados juntos dejen un sello positivo en la vida de ambos, sobre todo de niños, niñas y adolescentes que tanto necesitan sentirse queridos para reafirmar su auto estima.
El mensaje va dirigido a ambos, pero en especial queremos hacerle el llamado a los padres para que estén más con los niños, porque si bien la figura de mamá es importante no menos lo es la de ellos, puesto que es la pareja más los hijos e hijas la que forma la familia "ideal" que está en crisis y no sólo el padre y los hijos/as o la madre y éstos/as, como es lo más común hoy día en un gran número de hogares.