Oportunidades para superar miedos, vacíos y dolores les brinda a la niñez una de las ONGs que más impacto tiene a nivel mundial, las Aldeas Infantiles SOS.
Al calor de sus familias SOS los niños aprenden que las puertas de la felicidad no se han cerrado para ellos. No importa las dificultades que hayan tenido en la vida.
Una niña de 12 años, quien desde los seis está en la Aldea SOS de Panamá porque su madre la abandonó, cicatrizadas las heridas, tiene la templanza para decir que no la odia pues su madre de la Aldea le dijo que el odio es malo y le pidió "que nunca me olvide de mi mamá, que la tenga en el corazón, porque ella me dio la vida".
Otra niña, de 11 años, de San Félix, está en la Aldea porque "mi papá y mi mamá tenían conflictos".
Viven con otros niños (en total 156 en Panamá) que por distintas razones no están con sus progenitores.
Ayudar a forjarle a la niñez un futuro mejor es el compromiso de las madres como María Cedeño, de la Casa 4. Tiene a su cargo 11 niños. Cuando se enferma la consienten y atienden como reina. Se ha ganado con creces ese cariño. Como cientos de madres SOS en el orbe, de las que hablará la Premio Nobel 1992, Rigoberta Menchú, este jueves 14 de junio, cuando presente en Panamá un libro del que son co-autoras 15 madres SOS que cuentan vivencias y lo que las motivó a sumarse a la obra que inició Hermann Gmeiner en Austria.
Oriunda de Pesé, María Cedeño es parte de las Aldeas SOS Panamá hace 7 años. Quiere tanto a sus niños que se va de vacaciones y se lleva al campo a los más chicos y se lo pasa llamando para preguntar por los otros.
En su casa, como en todafamilia, hay alegrías y tristezas, derechos y deberes. Deberes que hacen con gusto. Sin horarios, sin imposiciones, como un gran equipo de hermanos que hace tareas, practica deportes, va a misa, a comer pizza y cuida, juega y corretea con Tingui, la ardillita mascota que se siente tan querida en la Casa 4, que los árboles son para ella cosas del pasado.