Bread & Butter volverá en julio a Barcelona y seguirá haciéndolo de forma indefinida, según anunciaron, con un área de moda infantil y una pasarela. "Hay que salir y ver el mundo", decía un alemán ayer a media mañana sentado frente al pabellón de la Fira de Barcelona que lleva por título Denim Fashion. Montjuïc fue durante tres días un hormiguero de profesionales y compradores de moda llegados de todos los puntos del planeta. Con un sólo objetivo: encontrar lo último en moda urbana entre más de 700 firmas de ropa y complementos, de 35 países. Bread & Butter se celebra dos veces al año en Berlín y en Barcelona, aunque la organización no excluye abrir nuevas sedes en Estados Unidos o Japón.
La presencia de marcas españolas se hizo notar en esta edición al superar el centenar. Es el caso de Flag, una firma de Menorca que se presentó al mundo en Bread & Butter con una colección de hombre y mujer inspirada en esa tranquila isla.
Los recién llegados se mezclaron sin problemas con otras empresas reconocidas, otra de las singularidades de esta feria de moda.
La competencia, más que en pagar a la mejor modelo, fue mostrar el expositor más creativo o el producto más novedoso.
Hubo quienes presentaron ropa interior en bandejas plastificadas y envueltas como si fuera sushi. Otros se atrevieron con la tecnología. Mojado en un gigantesco rectángulo de agua, se podía apreciar el modelo de Levi"s RedWire, que incorpora un mando en el bolsillo relojero para controlar funciones de un iPod.