Buscando un libro para regalar, me percaté de este título, que en lo personal me llamó la atención, y luego de ojearlo lo envolví para cumplir con el objetivo para el cual lo compré: regalárselo a un amigo.
Me pareció interesante aquella pregunta típica que le quita el sueño a tantos jóvenes, pues, aún hay quienes piensan mucho antes de unirse a una persona.
Hay mucha incertidumbre, producto de la abundancia de prospectos que hay en Panamá, para elegir a una pareja, lo que desata dudas en una sabia elección. Se trata de compartir una vida junto a otra persona, y en el altar se promete que es para toda la vida.
Para comenzar, no es bueno que el hombre esté solo y por eso Dios le creó a su ayuda idónea para que, además, fuera su compañera y disfrutara de los placeres de la vida matrimonial.
De allí la gran necesidad de compartir con otra persona la feliz unión conyugal.
Pero hay que tener en cuenta que para compartir con alguien en el marco del amor erótico y marital es preciso conocerse así mismo, saber si de verdad se está enamorado y estar consciente de que amar a una persona y practicarle alguna posición sexual no es lo mismo.
“El hombre fue creado para vivir en sociedad. El ser humano necesita unión y comunión; no fue creado para estar solo, como barco en el gran océano de la vida sin timón ni dirección”, dice Luis Palau en este libro.
La comunión no es otra cosa que el sabio intercambio de ideas, de pensamientos y de corazón.
Dentro de la relación, cada miembro de una pareja debe conocer su rol. San Agustín dijo una vez: “Si la intención de Dios hubiera sido que la mujer gobernara al hombre, la hubiera tomado de su cabeza. Si hubiera querido que fuera su esclava, la hubiera tomado de sus pies. Pero Dios formó a la mujer del costado del hombre. Porque la hizo su compañera idónea”.
Los solteros deben considerar su estado como una oportunidad para ser disfrutada y aprovechada. Lo peor que le puede ocurrir a un soltero es vivir a diario, aguardando llegar al matrimonio diciéndose: “mi vida comenzará realmente cuando me case”.
Sin embargo, la correcta actitud de cara a la soltería es decirse: “mi vida está aquí y ahora, por cierto, y quiero vivir tan plenamente como me sea posible.”
Aprovechar la juventud debería ser sinónimo de la preparación intelectual, el aprovechamiento de la etapa para la realización de actividades sociales positivas y, de paso, nutrirse de conocimientos para afrontar la vida que sigue más adelante.
Cada persona debería ponerse al corriente en cuanto al conocimiento de los roles que se deben asumir dentro de una relación, aprendiendo desde una relación de compañeros, la de amigos, la de íntimos y, posteriormente, la de enamorados para revisar una vez más la posibilidad de que haya un amor verdadero.
Con quién casarse es una decisión crucial y existen principios para una elección sabia.
Es importante que la juventud aprenda de los errores observables en la sociedad y empiece a retomar una conciencia responsable.