Para muchos, entre los elementos que componen la naturaleza, no hay nada más bello que el mar. Y en eso hay mucho de cierto. Sus azules aguas, sus cálidas arenas, el viento que abraza nuestro cuerpo, no indican otra cosa.
Sin embargo, se ha preguntado alguna vez cómo es la vida en alta mar...y sobre todo, cómo es la vida de los marinos...
Francesco Ripa, guardia marina del Buque Escuela "Amerigo Vespucci", embarcación que hace poco navegó sobre las aguas panameñas, afirma que en el caso particular de este buque, el adiestramiento consiste no sólo en que aprendan cómo es la vida en el mar, sino también entregar un pedazo de Italia al mundo, a través del intercambio cultural.
Como parte de la formación, los cadetes que ingresan al "Amerigo Vespucci", deben permanecer en él por un período de cuatro meses. Durante este tiempo, según Francesco, la vida que se hace allí es igual a la de todos los buques.
"Se hacen turnos. Siempre hay una guardia en la cubierta y en los puentes".
Detalla este joven que el escuadrón en guardia consta de 80 marinos aproximadamente, no obstante cuando hay temporada de cadetes esta cifra asciende. Explica que de unos 120 jóvenes, 40 de ellos deben formar parte de la misma.
Sin embargo, aunque la guardia cambia cada cuatro horas, todos tienen derecho a ocho horas de descanso diariamente.
Pero, contrario a lo que se esperaba ante un buque tan cómodo y lujoso, es que con sorpresa nos enteramos de que en el "Amerigo Vespucci" no duermen en camas, sino en "hamacas".
De acuerdo con Francesco esto es para ahorrar espacio, sin embargo "aclara y asegura" que "se duerme muy bien en ellas".
Normalmente los que duermen se despiertan a las 7 y 30 de la mañana, recogen sus hamacas y las guardan.
"A eso de las 8 y 15 de la mañana se reúne toda la tripulación para que el segundo comandante hable de la actividad del día. Se habla de la limpieza, de la próxima llegada a un puerto o simplemente para ver que todos estén bien".
Y una rutina parecida, pero más protocolar, se repite en horas de la tarde, justamente cuando el astro rey empieza a ocultarse.
"Cuando baja el sol se convoca a una nueva asamblea. Todos decimos la "Oración del Marinero", y minutos después, bajamos la bandera".
No obstante, aunque la caída de la noche anuncia el pronto descanso de los navegantes, según Francesco, el mismo puede ser interrumpido en cualquier momento.
"De ser necesario mover la vela, esto requiere de más gente para subir a los mástiles. Así que se despierta a los demás para poder maniobrarla".
Pero tampoco se crea que todo es trabajo. También hay espacio para la relajación.
Y es que según nuestro narrador, al igual que en otros reglamentos militares, están permitidas las bebidas alcohólicas, aunque no al punto de embriaguez, y además se puede fumar, pero sólo en áreas abiertas.
Pero de la misma forma advierte Francesco que al ser tan ajetreada y activa la vida en el "Amerigo Vespucci", queda muy poco tiempo para diversión.
"Una vez llegan a tierra, ni crean que necesariamente van a divertirse. Esto va a depender de las actividades que realiza cada quien dentro del buque".
Y es que hay quienes trabajan más cuando llegan a los puertos. Justamente es el caso de Francesco, quien se desempeña en el área protocolar.
Sin embargo para él, la labor más cansona es la del cocinero. Explica que cuando hay festín éstos no pueden salir. A unos les toca limpiar y a otros cocinar, y aunque son alrededor de 40 en el buque, 20 de ellos deben hacer guardia, mientras los otros hacen su labor.
Pero chistosamente y rompiendo la severidad de la narración, Francesco admite que ante ésto no se desespera. Su ilusión es que "después de 25 días en el mar, alguien tiene que salir y poner el pie finalmente en la tierra".