Aventura, risas, sustos, chascos, aprendizajes, sano entretenimiento... tienen lugar en un par de horas en el Teatro Bambalinas, un escenario donde los niños son primero.
Desde hace un par de domingos, decenas de pequeños, acompañados de sus padres, otros familiares y amigos pasan momentos muy divertidos, con “El Súper Ratón Detective”.

Aunque a veces la adrenalina se les sube cuando hay escenas de suspenso o una acción inesperada por parte del malévolo Profesor Rátigan, el cual hace lo impensable por salirse con la suya, tras haber ordenado a su fiel secuaz, el murciélago Fidget, raptar al padre de la pequeña Olivia Flaversham, y luego a ella con malsanos propósitos.
Con lo que no contaba Rátigan era con que se le iba a cruzar en el camino Súper Ratón (Basil) Detective, el cual echa por tierra sus planes de gobernar el mundo de los ratones.
Casi siempre, la lucha entre el bien y el mal hace que haya opiniones divididas, pero en el Bambalinas, otra es la historia.
Rátigan y Fidget se las ven a gatas para salvar la cola, porque esos, los que están allá detrás del muro, (léase niños) los de la quinta pared, cuando les piden opinión o tomar partido, ni por un pedazo de queso del más fino y delicioso se dejan comprar por los malos. No, no son de voluntad endeble como muchos otros seres humanos (léase políticos) dizque más inteligentes, más maduros y crecidos, pero quienes “al son que les tocan bailan” o, como el mono, por la plata.
Los niños son buena moneda. Siempre gritaron ¡no! al malvado Rátigan.