Si en el baratillo anterior se compró un jean espectacular que todavía no ha usado, no vuelva a comprarse otro así, aprenda.
Si ya está en la caja lista para pagar, y sobrevivió sin comprar la faldita negra igualita a las dos que ya tiene y el sombrero tan gracioso, pero que usted no usará, porque nunca se ha puesto uno, no se deje vencer por esos aretones tan sofisticados que acaba de descubrir en la esquina: déjelos allí y regrese al día siguiente, a ver si todavía están . Y si están, ¿no será que no son tan bonitos, o sino, por qué nadie se los ha llevado?
Si no encuentra nada, váyase, no se aventure en otras áreas del almacén, porque acabará comprando lo que no fue a buscar, haciendo las mejores compras durante el baratillo de mercancía a precio normal.
No le servirá de nada llegar de primera bien temprano y comprarse cuanto suéter encuentre, si al llegar a su casa descubre que ninguno le combina con nada.
Las filas de los probadores son largas, todos están llenos. ¿Se lo lleva sin medirse? No haga eso nunca, luego se arrepentirá y no podrá cambiarlo. Recuerde que en el gancho es una cosa, pero en su cuerpo es otra.
Y si se pasó todo el día viendo y probándose todo y no encontró nada, no se desanime, al contrario, ¡felicitaciones! Porque todas esas prendas ya usted las había visto y algunas hasta las tuvo en sus manos y no le acababaron de gustar, y no es cierto que un precio más bajo las hizo mejores.