El dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, el creador del personaje "Mafalda" y conocido como Quino, recogió, en Gijón, el Premio Haxtur "Al autor que amamos" del Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias, donde se definió profesionalmente como "un periodista que dibuja".
Tras medio siglo dibujando y analizando la realidad social desde una perspectiva infantil e irónica, Quino cree que la clave de su éxito como dibujante de humor estriba en "tener las antenas abiertas para captar lo que le preocupa a la gente y luego decir lo que uno opina sobre eso".
El autor, que nació en 1932 en la ciudad argentina de Mendoza, ofreció una conferencia de prensa en Gijón (norte de España), en la que aseguró que aún se sorprende con la repercusión social de sus personajes y de que se le considere "una referencia sociopolítica muy importante".
Pese a los casi veinte años de ausencia de "Mafalda", Quino cree que su visión "realista, es decir la de un pesimista bien informado ya que no hay hueco al optimismo", no variaría mucho hoy en día, "y seguiría haciendo a los adultos preguntas que no tienen respuesta sobre la destrucción del Amazonas, o por qué los ricos viven bien y los pobres cada vez peor".
A este respecto, Quino mostró su esperanza de "no estar vivo cuando esta separación cada vez mayor entre pobres y ricos reviente".
Quino insistió en que "los problemas no han cambiado desde el Antiguo Testamento" y se declaró desencantado "porque nadie es capaz de parar esta economía violentamente capitalista".
Para el autor de "Mafalda", cuando dibujaba este personaje "había referentes para tener ideales y se pensaba que el mundo cambiaría porque había dirigentes políticos y figuras sociales, mientras que ahora lo único que hay son dirigentes económicos".
En su análisis de la globalización que le llevó a descubrir la occidentalización de China en un viaje reciente, Quino cree que "en estos momentos la economía lo manda todo y cada vez es mayor la diferencia entre ricos y pobres; antes se podía decir a los americanos que uno cambiaba de bando, pero ahora no hay otro bando y lo que quedó es un desastre".
Ese viaje a China le ha influido mucho y le ha llevado a descubrir "la que será nueva potencia económica mundial en pocos años con su sistema de economía mixta y su falta de libertades".
Pendiente de publicar un libro con historias nuevas y sin arrepentirse de ser dibujante, Quino se defiende de quienes le acusan de derrotista al afirmar que "ningún hecho real, como los últimos acontecimiento en Palestina, es menos cruel y triste que cualquiera de mis dibujos llenos de acidez o ironía decepcionante".
Esa visión ácida sobre el mundo que le rodea le hace admirar al humorista gráfico español El Roto, y la calidad de las creaciones del rumano Saul Steimberg, que "acercó Picasso al humor gráfico".
Defensor de la utilidad de las nuevas tecnologías "siempre que estén al servicio de todos los hombres y de buenas causas", Quino reconoce que lee pocos cómics y que está muy alejado de los dibujantes y creadores no humoristas, aunque se siente "heredero" de Schultz, el "padre" de Carlitos, y de Hugo Prat.