¡Qué mejor homenaje al hombre interiorano, al Panamá profundo, a las tradiciones y costumbres, que plasmarlo en el lienzo! Para que todos recuerden que allá, en la campiña, hombres y mujeres sencillos, de una gran calidad humana, producen alimento para todos.
No importa lo ardua de la tarea, los campesinos nunca le sacan el cuerpo. Es más, antes que el sol se levante ya van ellos con su salomar inundando la atmósfera con esa alegría de vivir de que hacen gala. y, precisamente un pocrieño, Edwin Ortíz, se ha encargado de recordarnos que provenimos de la tierra, que ésta nos alimenta. Que los campesinos merecen nuestro respeto y consideración.
Las pinturas de Edwin Ortíz, que se exhiben hasta mañana 30 de noviembre en Arlene Lachman Galería, son un aplauso a la solidaridad campesina. En las juntas de embarra, nos dice: se puede ver cómo todos colaboran. Con diferentes materias primas como paja seca, arroz, barro, junco van construyendo un hogar. Comparten esfuerzo y luego un sancocho.
Ortíz sabe de esas cosas. Él trabajó en Herrera en la zafra, cosechó maíz. Así pudo enriquecer más su caudal creativo.
Siempre quiso honrar al campesino: la forma en que se viste, su forma de ser (servicial, desprendido), su apego a las tradiciones. Tradiciones que Ortíz no quiere que desaparezcan.
Pero, como bien lo dice el Prof. Bradley, que citó el refrán "un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar", hay música para todos los gustos y para todas las ocasiones.
"La música reggae es una música para, en ciertas oportunidades, agitar el cuerpo, soltar las tensiones, de alguna forma un poco tribal, una especie de rito colectivo. Es una música más prosaica, más burda, más diaria. Esta otra música, como la de Mozart, habla directamente a otra esfera del ser humano, que es la mental, espiritual, intelectual. Una parte importante del ser humano que hay que cultivar, para que vaya evolucionando y no se vaya a la barbarie, sino más bien a las cosas más elevadas".
Por otro lado, según nos explicó Pablo Vásquez González, miembro del Coro Música Viva, en el cual, según explica, hay casi igual proporción de hombres que de mujeres. Esto es así porque la cantidad de Bajos tiene que ser proporcional a la de Sopranos. Como debe serlo el número de Contraltos con respecto al de Tenores.
Finalmente, valga decir que este acercamiento con la población, con quienes no pueden ir a un Teatro Nacional, de que habla Vásquez y que le complace, también lo han vivido los miembros de la Orquesta Sinfónica de Panamá.
Ésta los últimos años ha estado realizando giras por todo el país, con el apoyo del Banco Nacional y se ha presentado en Iglesias, parques y otros escenarios, especialmente para fin de año y durante el verano. Está conformada por 64 músicos, entre los cuales hay una gran cantidad de jóvenes.
O sea, hay cabida para todos los géneros musicales y preferir unos, pero abrazarlos todos es la decisión de cada uno.
En Cuba, Francia, Italia, Suiza, Polonia, Checoslovaquia, Rusia... estuvo Pablo Vásquez González con el Coro Música Viva.
El Coro está compuesto por gente de entre 22 y más de 60 años de edad. Hombres y mujeres casi por igual están representados en él.