Candy Barberena exhibe sus obras en acrílico con texturas y en sistema 3D, en las colectivas de fin de año de dos galerías: Arlene Lachman y Mery Palma. Esta última, es un homenaje al pintor Luis Méndez.
Muchos la conocen y su arte. Otros no. También los hay que quisieran saber más de ella, de otras facetas de su personalidad.
Antes que nada, recalcamos de ella su panameñidad.
"Soy panameña. Muy orgullosa de serlo. Lo escribo con una sonrisa amplia".
También vale la pena decir que la gran pasión de Candy "es el ser humano, por eso mis temas siempre giran en torno a su sensibilidad y comportamiento".
Se siente agradecida porque sus experiencias y formación académica le permitieron "recibir una exquisita formación intelectual, con una abertura orientada hacia las artes. El gusto por viajar y aprender me ha permitido seguir puliéndome en las artes, en los idiomas, en la literatura, en la cultura en general".
Acerca de cómo se inició en las artes plásticas nos dijo que: "Recuerdo claro, la dulce monjita de la orden Maryknoll quien me regaló mi primer libro de cómo dibujar rostros humanos. Tenía 7 años. Esa fue mi primera clase de arte".
Sobre el mismo punto sigue diciéndonos que "mi carrera de pintora crece paralela a la de directora creativa, actividad que ejercí por muchos años. Esta experiencia en el mercado publicitario coadyuva a consolidar la base técnica que luego desarrolló en el plano artístico. Llegó a estudiar pastel y grabado con diversos maestros, al igual que dibujo y escultura. La formación académica la obtengo en GANEXA, donde formalmente estudió para obtener la licenciatura en artes plásticas con especialización en pintura de caballete. De la mano del Profesor Leys llegó a desarrollar el estilo Barberena: un estilo moderno libre, de arte popular conceptual, con mucho colorido creado a partir de un concepto sólido".
Candy prefiere comenzar a pintar a mitad de la mañana.
Es casi un rito.
"Luego de un desayuno ligero, creo el ambiente ideal con música suave. Trabajo con la luz natural. Es una entrega de 8, 10 horas de auténtico regocijo. Hay que saber aislar el stress.