Qué mujer no ha sido víctima de un "vaya mami ´tas bien buena pa..." o "dulzura, tienes tremendo...". Situaciones como ésta son agresiones verbales escondidas detrás de la dulce palabra "piropo".
El piropo sana, que edificaba, respetaba y dignificaba a la mujer, ha sido reemplazado por un tipo de palabras que traspasan el ámbito de lo edificante y llegan a la vulgaridad y la agresión, convirtiéndose en acoso.
Como mujeres, no sensibles, sino más bien merecedoras de respeto, hay palabras que nos degradan y ofenden y nos hacen sentir como si fueramos mercancía y no personas. Este tipo de violencia es tan común en nuestra sociedad, que a veces no es identificado como ofensa, tal como describe la legisladora Gloria Young, proponente de un ateproyecto de ley que sanciona el acoso sexual.
Según Young, dicha ley, que en su momento determinado fue denominada como "la ley que sancionaba el piropo", surgió como iniciativa a los lineamientos planteados por organismos internacionales y por los encuentros feministas, sobre todo latinoamericanos, que le hacen frente a la prevalente inseguridad en sus centros de trabajo e incluso en su centro de estudio.
Nos referimos a la inseguridad permanente que existe y que, ligado a una situación tan simple pero a la vez agrabante, como lo es que la mujer sea víctima de un piropo ofensivo, impide que la misma pueda ascender a un mejor nivel o categoría de trabajo, si no es condescendiendo sexualmente con el jefe superior inmediato.
"Esto se debe a que los hombres en nuestra sociedad, todavían tienen una conducta patriarcal y machista, que les hace pensar que las mujeres son una propiedad, ignorando que son un logro humano de capacidad, profesionalismo, sueños y ambiciones sanas", destacó la legisladora.
Es así como bajo estos parámetros, el Código de Trabajo de Panamá, dentro de la Organización Internacional de Trabajo, la cual tipificó la sanción de cualquier conducta inadecuada contra una personas (acoso sexual), mantiene en su última reforma, la sanción de una actitud indevida. De igual forma, la ley de Carrera Administrativa en Panamá, conceptúa el acoso sexual como una conducta que, cuya sanción puede llegar hasta la separación del cargo definitivo de la persona que se le sea comprobada esta conducta.
Finalmente, mientras los agresores catalogan su forma de actuar como la de un "macho", las mujeres a menudo se sienten imponentes ante el acoso directo o el abusivo "cortejo público" llamado piropo. El piropo es una forma de expresión popular encaminada a resaltar la belleza o las formas de la mujer o del hombre, aunque en algunos casos pueden resultar ofensivos y francamente vulgares, no dejan de tener ingenio.
- Me gustaría ser aviador para volar en tus sueños!!!
- Cómo avanza la tecnología, si hasta las flores caminan!!!
- Eres como la lluvia finita, que no moja, pero empapa...
- Me gustaría ser papa frita para acompañar ese lomo...
- Tu madre debe ser repostera, porque un bombón como vos no le sale a cualquiera...
- Si Cristóbal Colón te viera diría, "Santa María que Pinta tiene esa Niña".
- ¿No estás mareada por andar dando vueltas en mi cabeza?..
- Si así son las afueras, cómo será la capital...
- Dios mío, se escaparon los ángeles del paraíso...
- Eres como la historia de Cuba, vieja, pero interesante.
- Si como caminas cocinas, me como hasta el con-colón.
- Qué bueno que el mundo es injusto, porque te tengo y no te merezco.
- Si besarte fuera pecado, caminaría feliz al infierno..
- Ser esclavo de tu amor es como tener de prisión al paraíso...
- Mi amor, estás tal y como me recetó el doctor...
Para ellos los piropos son simples palabras que no ofenden a nadie y si las mujeres nos sentimos ofendidas es porque somos muy sensibles.
Además, muchos coincidieron en la encuesta en que, "si las mujeres no dicen nada y se hacen las desentendidas, es porque en el fondo les gusta".
Pero si se diera un caso contrario, en el que la figura "machista" se encuentra ante la verbal conquista de una mujer, los hombres por lo general se quedan mudos y sorprendidos ante los que ellos llamarían "atrevimiento".
¡Y a ellos, quién los cataloga!...