La obesidad no afecta sólo a gente adulta y los padres de familia deben tomar medidas para evitar que sus hijos gorditos o con tendencia a la obesidad sigan incrementando el riesgo de co-morbilidad.
La Dra. Itzel Velásquez, nutricionista clínica, planteó que un niño con sobrepeso tiene grandes posibilidades de convertirse en adolescente obeso y en adulto obeso.
Si quiere a su hijo, vigile su alimentación, pues aunque en su primera infancia es común que los adultos cuando lo toman en brazos o lo miran lancen expresiones como "¡qué gordito tan lindo!", o le hagan arrumacos, no siempre su gordura va a ser motivo de festejo. En la etapa escolar pudiera ser blanco de burlas por parte de compañeritos pues ya no les parece tan simpático el gordito: porque es lento, se cansa rápido y jadea mucho y comienzan a apartarlo, no quieren jugar con él, ni que esté en el equipo de fútbol, béisbol, etc.
En la adolescencia, cuando necesita ser aceptado, pudiera también ser marginado, lo cual le pudiera crear inseguridad, acomplejarlo y hacerle experimentar una sensación de rechazo.
No espere a que sus niños lleguen a esta edad y pasen por estos tragos amargos para ayudarlos a que adquieran un peso acorde con su estatura y edad. Anímelos a preferir alimentos nutritivos, beber mucha agua y dejar a un lado la vida sedentaria.
Instelos a caminar, jugar al aire libre, subir escaleras, montar bicicleta, nadar, previo examen general de salud.
Tenemos que ayudar a nuestros hijos a entender que la escuela no sólo es importante por el aprendizaje, sino que puede tornarse una etapa muy divertida en el amplio mundo de un niño o joven, añadiéndole un toque de entusiasmo y participación; y que se destaquen como individuos en pleno desarrollo de sus facultades.