Hay gente que siempre se levanta "arrastrando la manta". Otras personas son como ruiseñores que con su gorjeo dan los buenos días. Personas cuya risa suena a los oídos como el agua cristalina de un arroyuelo cuando danza entre las piedras a su encuentro con la mar. Los que tocan nuestras vidas y recordamos su paso como la brisa fresca o como el bálsamo para el desánimo tendrán siempre un espacio especial en la memoria y el corazón.
Esos que sin herirte ni humillarte saben hacerte recapacitar también, me dicen las más de las personas, quedan anotados en el libro de los deseables. Aquellos que son protagonistas, no espectadores o "convidados de piedra" en la vida pueden pasar a una tarima especial a recibir un reconocimiento. Por ser proactivos.
Conversando aquí y allá hemos podido juntar otras cualidades de personas con una personalidad magnética, que calan. Individuos de cuya presencia disfrutan todos. Que nadie quiere perderse de tenerlos en su lista de amigos. O, mejor dicho, al revés. No son comunes y corrientes. Nadie lo es. Si no lo cree así. Y si con su actitud demuestra que está dispuesto a sacarle partida a su potencial para el bien de todos.
A la gente que le gusta compartir, que le importa el otro, que no ostenta, apuesto. Gente en cuya humildad y sabiduría radica su grandeza. Gente como Santa Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, Mahatma Gandhi, Rigoberta Menchú. Gente así merece alfombra roja para caminar. Los que tienen palabras de aliento para sanar el alma, los que se ríen de las contrariedades hacen que uno apure el paso, para no quedarse atrás.
La gente que escucha y no quiere imponer su opinión también logra el aplauso y reconocimiento de sus congéneres. Tanto como el que con respeto te dice que estás equivocada y te corrige sin humillarte.
Quien sabe reirse de sí mismo, admitir que se equivoca y aquél que no se siente vulnerable por demostrar que es sensible, que flaquea, se gana el respeto y admiración.
Gente entusiasta, alegre, ingeniosa, creativa, tolerante, divertida, con sentido del humor, pero nunca irreverente, tiene por partida doble la aprobación popular, porque contagia con su positivismo.
Anchas se abren las puertas para la persona espontánea, la sencilla, la que no usa máscaras. La que es capaz de asombrarse, la que deja reír e inventar al niño que todos llevamos dentro.
Los admiradores sobran a la gente segura y contenta de sí misma, que sabe lo que quiere. Gente que se atreve a aventurarse a descubrir. Que mira más allá. Dentro, profundo. Escudriñadora de almas y corazones. Que no le teme a lanzarse, en buena lid, a conquistarse porque sabe su potencial. Gente que porque se ama y valora hace lo propio con el otro. Gente que tiene siempre en sus labios una sonrisa franca, una palabra oportuna. En fin, los que van por la vida perfumando y quitando espinas. Gente dadivosa y generosa hasta en el mirar profundo, para hallar lo más bello del otro y hacerlo partícipe de ese gozo de saberse y saberlo especial. Especial, diferente, único.