IMAGINA que hoy te ganas el "Gordito del Zodíaco". Son tres millones de dólares que llegan enhorabuena a tus manos y te servirán para salir de todas tus deudas, de ese carro destartalado que no aguanta rodar un día más, para cancelar tu hipoteca o comprarte una casa nueva, en el mejor sitio, con más espacio, y finalmente hacer tus sueños realidad.
Con toda probabilidad, para muchos, esta situación sería la materialización misma de la felicidad.
¡Todos quieren tener más dinero! Para entender el porqué un estudio realizado recientemente por los profesores Manuel Baucells y Rakesh K. Sarin, del IESE, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra (España), demuestra que aunque efectivamente ganar, heredar u obtener grandes sumas de dinero tiene un impacto real sobre la felicidad, lo cierto es que, después de un tiempo, el grado de felicidad tiende a estabilizarse al punto casi de regresar a los niveles de dicha que se mantenían antes de poseer esas cantidades extraordinarias de dinero.
Existe una gran fantasía acerca de que adquirir más dinero podría comprarnos cada vez más felicidad, explica Baucells.
Durante más de diez años, un equipo de investigadores norteamericanos dirigido por David Myers ha intentado arrojar alguna nueva luz sobre esta cuestión a través de amplios estudios.
Este enfoque les facilitó una de sus primeras conclusiones: casi todos los que se sentían felices también lo eran a los ojos de sus más íntimos amigos, de sus familiares y de los propios psicólogos que les interrogaban.
Comprobaron con cierto asombro, que la impresión personal de felicidad está distribuida de modo bastante homogéneo en casi todas las edades, niveles de ingresos económicos o de titulos académicos, y que no se ve afectada de modo significativo por la raza o el sexo.
La investigación concluye con una serie de rasgos que parecen comunes a casi todas las personas que se sienten felices: la persona feliz es cordial y optimista, tiene un elevado control sobre ella misma, posee un profundo sentido ético y goza de una alta autoestima.
Aunque es difícil saber en qué medida esos rasgos de carácter contribuyen a la felicidad o son más bien parte de sus efectos, sí podemos concluir con Myers y Diener en destacar la gran importancia que para toda persona tiene su mejora personal.
Aunque la ilusión de muchas personas sea que les toque ganarse la lotería en grande, la realidad es que luego se comprueba que aquellos a quienes les ha tocado esa suerte no son, al poco tiempo, más felices que antes.
Una vez se tienen resueltas las necesidades básicas, cada uno tiende a adaptarse al nivel económico que tiene, y su felicidad apenas depende del nivel en que está situado.
Es verdad que una mejora de nivel económico suele repercutir en el sentimiento de felicidad, pero esa impresión suele durar poco.
El dinero no parece colaborar mucho con sentirse feliz. Tener un gran talento, y buena salud, un gran atractivo físico, tampoco puede considerarse el eje de la felicidad: indudablemente pueden favorecerla, y crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así.
Como escribió Séneca (filósofo romano): "Todos los hombres quieren ser felices, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida". Hay que acertar en esa búsqueda, quien no lo hace se pasa la vida esperando lo que nunca llega.
Según el economista Tibor Scitovsky en su libro The Joyless Economy, muchos de los placeres de la vida ni se compran ni se venden. Entre ellos, afirmó, están la satisfacción con el trabajo, la amistad, los placeres de la meditación personal, la lectura y otras formas de esparcimiento no comercial.
Estudios tienden a dividir las fuentes de bienestar en dos categorías: circunstancias externas, como las actividades de tipo social o la vida familiar, y disposiciones internas, como la autoestima o el sentimiento de que uno es responsable de su propio destino.
En cuanto a la primera, los estudios coinciden en que una vida familiar satisfactoria es el elemento que contribuye en mayor medida al bienestar. Las alegrías que reporta la amistad ocupan, a menudo, la segunda posición. El número de amigos que un individuo posee es mejor indicador de bienestar que la magnitud de sus ingresos.
Un trabajo satisfactorio y los momentos de ocio ocupan casi siempre la tercera y cuarta posición. Por extraño que parezca, ninguno de estos dos factores están relacionados con los ingresos.
¿Cuánto vale tu felicidad?
Todos queremos ser felices. Lo difícil es saber lo que hace verdaderamente feliz la vida.