El tema cobra vigencia con el sonado Anteproyecto #49 de la Comisión de Asuntos de la Mujer, propuesto por la legisladora Gloria Young, "Que previene, prohíbe y sanciona el acoso y el hostigamiento sexual contra la mujer en el empleo y en el sistema educativo hacia la mujer".
Sus detractores consideran que con esta ley va a ser muy difícil la vida laboral entre mujeres y hombres y que tendremos que tener mucho cuidado con lo que decimos y hacemos. Young se defiende diciendo que a las panameñas nos encantan los piropos y que nos molestaríamos mucho si dejaran de piropearnos. Añade que el piropo es muy diferente al acoso y hostigamiento. Pero ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro? y ¿Qué tan delgada es la línea que los separa? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el acoso sexual como una forma de persecución que tiene por objeto obtener los favores sexuales de una persona cuando quien lo realiza se halla en posición de superioridad respecto de quien lo sufre.
En la exposición de motivos del anteproyecto, la H.L. Young señala que el hostigamiento u acoso sexual es una "forma de violencia encubierta y silenciosa que afecta las oportunidades y condiciones de empleo, y el nivel de productividad de las empresas e instituciones estatales y el sistema educativo".
El piropo, por definición, es una lisonja o halago; sin embargo en la realidad pueden ser ofensivos y vulgares; son prodigados generalmente a desconocidos y las mujeres son las más "piropeadas". Los entendidos afirman que el "piropeador" lanza su exclamación ardorosa y aparentemente apasionada como cumpliendo con un deber, cree que debe mostrar a sus congéneres que es "muy hombre". Después de piropear actúa como si nada hubiera pasado. En una encuesta aplicada a noventa funcionarias del sector publico, el 70% de ellas respondieron haber sido acosadas en algún momento. Las mujeres de tres centrales sindicales declararon haber sido acosadas en un 61.2%, en otro estudio.
Un informe de la Central Auténtica de Trabajadores de Panamá (CATI) indicó que el 35% de los casos de hostigamiento se da en trabajadoras de actividades comerciales y de fábricas de confección de ropa. Otra encuesta efectuada hace dos años por Staff Wilson y Méndez Illueca, a 400 mujeres, señala que un 36,5% fue víctima de asedio sexual.
Si la intención es llamar nuestra atención, la vulgaridad, atorrancias y palabras soeces no los van a llevar a ningún lado, o a lo mejor sí, a la cárcel. ¡Mucho cuidado!