Fuerza y pasión fue lo que proyectaron, al danzar, Katia Nicolson y Janina Walters, integrantes del grupo de baile y promoción de la cultura africana Umoja.
No se esperaba menos siendo la percusión, el ritmo y la energía una de las características que distinguen a las danzas africanas.
La cita de baile inició a las 8.30 p.m. donde un lleno completo de fanáticos se acomodó en las instalaciones de la Casona de Catedral, en busca de un verdadero espectáculo que les remontara quizás a sus raíces africanas.
Todo esto, posiblemente, porque en Panamá la presencia de diversas razas crea un crisol, donde siempre se distingue algún antepasado que provenía de África.
Es por esto que panameños y extranjeros por igual esperaban el show de danza. Algunos con curiosidad y otros quedaron en realidad hasta participando de la actividad, de la mano de la activista por la cultura africana, Janina Walters.
El programa de baile se inició con la danza “yankady” de África occidental, un ritmo dedicado a la Luna, como uno de los elementos más importantes de la cultura africana. Esto lo explicó Walters durante la actividad, con la intención de que los presentes no sólo se hicieran parte de un espectáculo de arte, sino que aprendiesen algo más del espíritu con el que se creó la pieza, en honor a la Luna.
La Luna representó en la antigua cultura africana un astro que marcó la vida de todos lo seres vivos.
En el caso de las personas, dictaba la recolección de las cosechas y el riego, y a ámbito personal, en las mujeres se usó como referente para realizarse un corte de pelo o tenía relación con el ciclo menstrual, nos comentó Walters.
Seguidamente, las bailarinas ejecutaron otra danza, la “moribayasa” proveniente de Guinea. Esta danza es realizada como un ritual de acción de gracias por cualquier bendición que se haya recibido.
En la "moribayasa", al igual que en “yankady”, fue la energía lo que dominó el escenario, ya que los saltos, las vueltas y los rápidos movimientos de brazos y piernas de las danzantes fue lo que distinguió la noche.