Variedades

De compras por L.A.


El lente del sitio web esmas.com captó a la famosa cantante pop, Britney Spears, mientras realizaba un paseo por las calles de Los Angeles.
La diva del pop, quien parece que se peleó con la peinilla, además de verse sin una gota de maquillaje, visitó tiendas de disco, compartió con sus pequeñas fans y aparentemente, como que se decidió a comer comida chatarra. Eso sí, todo el tiempo estuvo custodiada por personal de su "staff".

Los gris se vuelve lluvia por la noche,
y esos muertos quisieran un gabán
para arropar sus sueños bajo tierra.
Al otro lado de la calle, un muro
con su verja de hierro, hecha ex profeso
no para que contemplen el mutismo
de tanta cruz anónima sin flores,
sino el parque de mármoles que encierra.

Las dos de la mañana. Insomnio errante,
me empuja a un téte-a-téte con esta esquina
donde como una pústula del vicio
sórdidamente se abre una cantina.
Nueva generación de bebedores,
está de pie…Los otros. ¿dónde están?

Todo igual. Sólo yo no soy el mismo.
Una vez me embriagué en esta cantina.
Cantaba una mujer, bella en su tiempo,
que aún era como un bello anacronismo.

Descuartizaba un tipo en la guitarra
un valse como un clásico jigote.
Los dos ansiaban un pequeño lote,
ambos creyendo que la vida es buena.
Trabajaban los dos, sólo por eso.

Se embriagaban después de la faena;
y ella escupía si él le daba un beso.
Tanta lucha por un pequeño lote
y tanta tierra que hay para los muertos.

Tanto afán de cantar con la guitarra
y nadie al fin se llevará ni un ruido.
Ya nadie canta ¿Para qué, si hay discos?
Son baratos: se tocan por un real.
Toquen, toquen, que pronto habrá silencio.
Lo gris se vuelve lluvia por la noche.

El silencio es de un gris casi mental.
Una vez me embriagué en esta cantina,
hace ya un poco más de de treinta años.

Todo, igual. Sólo yo no soy el mismo.
Cantaba la mujer y se reía.
Triste, fatal, como una rosa trunca.
La noche no se iba, enamorada
también de la mujer. Entre las copas,
aquella noche no acababa nunca,
distante y cerca, como una lejanía…

Triste, fatal mujer, ni tan siquiera
quedan ningún hombre que la nombre.
A veces, la recuerdo, cual si fuera
de juventud. Ni yo me atrevería
a tocarla otra vez, pues me hace falta
el real de juventud de aquella noche.
Entre el silencio de lo gris, está ella.

En lo más gris de su silencio, es barro;
ese barro común, con que a los muertos
cubren con reiterado despilfarro.

No tan alto, sombrío, se alza el muro
con su verja de hierro, hecha exprofeso
no para que contemplen el mutismo
de tanta cruz anónima sin flores,
sino el parque de mármoles que encierra.
Todo igual. Sólo yo no soy el mismo.
Nueva generación de bebedores,
está de pie…Los otros…¿Dónde están?

Lo gris se vuelve lluvia por la noche,
y esos muertos quisieran un gabán
para arropar sus sueños bajo tierra.

(Nocturno en Gris)


La calle de las Damas alzaba la bandera
feroz de la alegría: gran antro del placer
desde -al final del siglo- la chusma de mujer aventurera  sus nas desahogaba con lazos de mujer!…

La calle de las Damas, lúbrica y falsa,
abría  internacionalmente su inmenso lupanar, 
y allá, noche tras noche, la multitud venía  a conjugar tres verbos: jugar, cantar y amar

Negras de Martinica, morenas de Marsella,  sensuales andaluzas, blondas del Canadá
¡quien más plata pagaba, gozaba a la

más bella! Era en el año ochenta y nueve,  en Panamá.

Como un torrente rubio rodaba por las mesas  de juego el oro fácil del pródigo Canal;
toda la economía de las arcas francesas
allí tornose música, licor, o hembra fatal…

Hay quienes todavía recuerdan  esa historia
con sus cocotas célebres y su infeliz  baldón,
porque aunque tuvo páginas donde brilló  la gloria
también tuvo capítulos de sangre y maldición.

A veces yo paseo de noche por la acera
creo que, de ultratumba, en la hoy calle Colón,
desde un zaguán me silba alguna aventurera
o que una mano pálida me llama de un balcón…!

(El grillo que cantó bajo las hélices)


El negrito Chimbimbembe
y la negra Cumbimbamba
bailan la cumbia al son
de sus caderas mulatas…

Sudor fuerte y carnaval,
con aguardiente y con ron
en el patio de los congos
y el barrio del Marañón.

¡Cumbia!, con tambor y vela,
que es alma del arrabal,
canción de sangre, que moja
las esclusas del Canal.

¡¿A dónde voló el cuchillo
con que mataron al gringo
¡Y nadie supo quién fue…!
(La noche borracha es cómplice
y no sabe hablar inglés!)

¡Cumbia!, música que alegra
con aguardiente y con plata;
tu alma es dura, triste y negra,
y tu noche siempre mata.

¡La cumbia se baila al son
de unas caderas mulatas!

1942 (El grillo que cantó bajo las hélices)


fecha edicion
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151618
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América