Para nadie es un secreto que la vida de Nick Rivera Caminero, más conocido como Nicky Jam, ha sido una montaña rusa de subidas y bajadas.
Con 35 años de edad, sabe muy bien cómo es que la fama puede llegar a acabar poco a poco con un artista. Es que no es para menos, una vida llena de excesos, drogas, rumbas, alcohol y mujeres seguramente no tendrá un buen desenlace, y de ello sí que sabe este artista. Luego de ser uno de los pioneros del género reguetón que poco a poco se tomó el mundo, y cantar junto a los más grandes como Daddy Yankee, su gran amigo, además, fue testigo de cómo su vida y su carrera iba en picada, esto, como asegura él mismo, producto de los excesos y malas decisiones que en algún creía eran las correctas.
Fue tal el abismo al que Nicky Jam cayó en Puerto Rico que no tenía dinero para pagar el arriendo de su domicilio, tuvo que cantar en las calles y el sobrepeso, consecuencia del consumo de drogas y alcohol, hicieron que también su salud fuera en decadencia.
Fue cuando decide mudarse a Medellín, ciudad de la que vive eternamente agradecido, lugar al que, como él mismo manifiesta, llegó sin un centavo, dos camisas y dos pantalones.