Su forma física ya no es la que era antes del confinamiento y debe ser consciente de ello a la hora de retomar la práctica deportiva.
El ejercicio físico es uno de los pilares básicos de una vida saludable.
Tras el confinamiento debido a la pandemia de COVID-19, "es altamente recomendable reiniciar la práctica de ejercicio físico y deporte.
Pero esta vuelta debe hacerse de forma progresiva e individualizada para no caer en riesgos innecesarios", indica la Sociedad Española de Medicina del Deporte.
Dejar de hacer ejercicio, aunque sea durante un periodo corto, tiene consecuencias.
"Cuando dejamos de hacer ejercicio, aparece una desadaptación cardiaca y vascular, lo que lleva a una subida de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial", manifiesta Domingo Pascual Figal, miembro del Grupo de Trabajo de Cardiología del Deporte de la Sociedad Española de Cardiología.
Ojo con los ejercicios bruscos
Quien añade que, “además, se ven perjudicados otros órganos, sobre todo a nivel osteomuscular, lo que hace que el sistema cardiovascular se vea sometido a un mayor esfuerzo ante un ejercicio similar al que estábamos acostumbrados a hacer antes del confinamiento”.
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Por lo tanto, es importante retomar el ejercicio físico por sus muchos beneficios para la salud, pero es necesario hacerlo de forma gradual y controlada para evitar problemas cardiovasculares.
“Si salimos a caminar y nos sometemos a un esfuerzo moderado, la subida de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial también van a ser moderadas y no se va a producir un gran estrés fisiológico”, indica el doctor Pascual.
En cambio, si un sistema cardiovascular desadaptado se enfrenta de manera brusca a un ejercicio físico al que ya no está acostumbrado, su respuesta “va a ser exagerada, de tal forma que subirán mucho las pulsaciones y la presión arterial y aumentarán las catecolaminas, la adrenalina y la noradrenalina. Todo esto puede, en el peor de los casos, provocar la rotura de placas de ateroma en las arterias coronarias y producir un infarto agudo de miocardio”, advierte el cardiólogo.
Las placas de ateroma son acúmulos de colesterol y otras sustancias que se depositan en las paredes de las arterias. Si la placa se rompe, puede formarse un coágulo que bloquee el flujo de sangre hacia el corazón y, de esta manera, provocar un infarto.
Además, los especialistas de la Sociedad Española de Medicina del Deporte señalan que reiniciar la práctica de ejercicio físico y deporte de forma brusca, con altas intensidades y duraciones prolongadas, también puede ocasionar lesiones deportivas, especialmente en los músculos y en los tendones.
Por todo ello, a la hora de volver a entrenar, es importante prestar atención tanto al volumen de ejercicio físico como a su intensidad.
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“Hay que tener muy en cuenta lo que hacíamos antes. No es lo mismo la desadaptación de una persona que hacía deporte a diario que la de otra que lo hacía tres días a la semana”, puntualiza el doctor Pascual.
El cardiólogo precisa que se puede ir aumentando progresivamente el volumen del ejercicio, es decir, su duración, pero debemos limitar su intensidad.
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