Variedades

De Tito Schipa a Pavarotti


Revisando los “Apuntes Históricos” del gran panameño Alonso Roy (q.d.D.g), y dando una mirada retrospectiva a la historia de nuestra ciudad capital, es interesante constatar que antes del nacimiento de la República, la pequeña y provinciana ciudad de Panamá, durante la construcción del Canal Francés, vivió grandes momentos culturales cuando a nuestras tierras, por motivo del paso obligatorio del Pacífico al Atlántico o viceversa, visitaban en tránsito nuestras tierras compañías teatrales y operísticas que debían tomar el ferrocarril para dirigirse a otros destinos, las cuales aprovechaban su estancia para realizar presentaciones que fueron el deleite de una sociedad que no conocía todavía la radio.
Una vez constituida la República, su primer presidente, don Manuel Amador Guerrero, tomó la iniciativa de dotar a la ciudad capital de la nueva nación de un lugar apropiado para la expresión artística y cultural superior a los que se había tenido a finales del siglo XIX.
Así se construye el Teatro Nacional, de clásicas y elegantes líneas y decorado con célebres pinturas, cuyo bautismo artístico fue a los pocos días de su inauguración oficial ocurrida el 1 de octubre de 1908 con la toma de posesión del presidente José Domingo de Obaldía, al presentarse en su escenario, por vez primera, la ópera Aida del maestro italiano Guiseppe Verdi por la Compañía de Ópera Lombardi, lo cual constituyó todo un éxito artístico cultural.

De acuerdo a los datos suministrados por el doctor Roy, para esa ocasión se cobraron los siguientes precios:
  • Palcos (8 asientos) B/. 40.00
  • Anfiteatro B/. 5.00
  • Luneta B/. 4.00
  • Galería B/. 1.00

Adm. General B/. 2.00 (de pie en el área de los anfiteatros). A partir de esa fecha y durante toda la década de 1920 se sucedieron una gran cantidad de presentaciones artísticas de gran envergadura que calmaban y enriquecían la avidez cultural de los panameños y que colocaban al Teatro Nacional a igual altura que las principales salas de Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, México, etc..
En 1921 muere el gran tenor Enrico Caruso y el mundo del bel canto elige al tenor Tito Schipa, italiano también, originario de la ciudad de Lecce en la región de Puglia, para que le sucediera.
Ya para ese entonces Tito Schipa (se pronuncia Skipa), que había hecho su debut en el Teatro Real de Madrid en 1916, era ampliamente conocido en el mundo del canto y había recorrido un gran número de las principales salas de ópera del mundo, en Italia, Alemania, España, Austria, Argentina, Uruguay, Brasil, etc.. En ese año de 1921 el gran tenor se encontraba de gira y ofrecía unos recitales en Lima y debía pasar por Panamá para tomar otro barco en Colón que lo llevaría a México para cumplir compromisos y de ahí a los Estados Unidos en donde debía presentarse en la Opera House de Chicago. Esta situación fue aprovechada por empresarios panameños que lo invitaron a presentarse en Panamá.
El 15 de agosto el Teatro Nacional se vistió con sus mejores galas para escuchar la voz del nuevo divo mundial quien interpretaría arias selectas del repertorio operístico.

En esta ocasión los precios fueron:
  • Palco (8 asientos) B/. 25.00
  • Palco (1 persona) B/. 3.50
  • Luneta y anfiteatro B/. 3.00

A esta presentación asistió el presidente Belisario Porras en compañía de su señora esposa y su Gabinete en pleno, a quienes se unieron las principales Autoridades del Canal de Panamá. Tal fue el éxito de la presentación y el ruego de los panameños ávidos por las cosas buenas, que logaron cinco “encores” porque conforme a palabras del doctor Roy “el delirante público no lo dejaba abandonar el escenario”, convirtiéndose la presentación en el mayor acontecimiento artístico registrado en Panamá hasta ese entonces.
Ante el entusiasmo demostrado por los panameños, los organizadores de la presentación lograron del gran tenor una segunda audición, la cual fue programada para el día 17, también en horas de la noche y con iguales precios. El repertorio que ofreció en esa oportunidad fue diferente al de la primera presentación y tal como lo describe el maestro Roy “Los diarios de la época se volcaron otra vez en los más prodigiosos aplausos y comentarios sobre esta aportación de Tito Schipa a la cultura musical del aís. Al abordar el tren especial privado hacia Colón, también debió sentirse satisfecho al dejar su arte en una ciudad pequeña, que le abrió de par en par su corazón. Todos estaban muy conscientes del momento vivido y que tal vez, nunca lo volverían a sentir.”
Panamá continuó recibiendo la visita de otros grandes artistas, se han montado interesantes obras teatrales, hemos disfrutado de regios y regias personalidades del ballet, sin dejar de un lado las múltiples compañías de zarzuela que nos visitaron, hasta que hace unos pocos años atrás, se presentó en nuestra ciudad uno de los tres que componen la tríada mejor conocida en el mundo publicitario como “Los Tres Tenores”, el divo Josep Carrera, de no menor calidad que Schipa, pero de diferente tesitura de voz que sus dos compañeros, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti.
Con gran expectativa y demasiadas condiciones este último debió presentarse en el Teatro Anayansi del Centro de Convenciones ATLAPA, pero quebrantos de salud le han llevado a postergar su esperada presentación que tiene como objetivo primario, lógicamente además de su presentación, las obras de asistencia social que lleva a cabo la Primera Dama de la República y a las cuales todos debemos aportar nuestra cooperación, por modesta que sea. Sólo que al comparar las exigencias de Schipa, de que se le garantizara su debido transporte a la ciudad de Colón para poder abordar el barco que lo llevaría a México, y conste que se le cumplió, contra las presentadas por los agentes de Pavarotti, que van desde el transporte, comidas, colores, olores, sabores, vestidos, seguridades, cortinas, etc., puedo asegurar, junto con los escritores de la época, que Schipa llegó, cantó y triunfó.
Indiscutiblemente Pavarotti, de llegar a Panamá, cantará y triunfará también, pues nadie puede negar la indiscutible calidad de voz con la que Dios le ha provisto, pero es una lástima que su maquinaria publicitaria y de manejo aproximen su éxito a las derivadas de las frías perfecciones técnicas de las producciones para el cine, la televisión y de los DVD, más que del triunfo nacido del calor producido por la cercanía del intérprete con su auditorio, como otrora fueran las presentaciones de otros divos de igual fama, más preocupados por comunicar la belleza lírica del bel canto que de su ejecutoria técnica y teatral y de las múltiples exigencias de condiciones externas para su presentación.

 

fecha edicion
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135520
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América