Celebrar la historia de un hecho ocurrido hace más de 500 años, cuando la ciudad de Panamá fue atacada e incendiada por piratas y corsarios, ésa es la idea del Patronato de Panamá La Vieja al poner en ejecución el proyecto de habilitación del Convento de Monjas de la Concepción, para la realización de eventos característicos, bodas y conciertos de cámara.
El proyecto nació bajo la iniciativa del Patronato de Panamá La Vieja, conformado por arquitectos, historiadores, arqueólogos y demás, dentro de un plan maestro que se enfocaba a que la ciudadanía tuviera más contacto y relación con las ruinas, convirtiéndose en un compromiso hacia la búsqueda del patrimonio de la humanidad.
Luego de diversas controversias acerca del trabajo que se realizaría, el grupo de arquitectos encargados del proyecto, mantuvo diversas conversaciones en torno a cómo se reestructurarían las ruinas. Habrían de decidir si se convertiría en la casita de tejas y ventanas que fue hace 500 años, o si, respetando su condición de ruina sin maquillar el pasado, se intervendría de manera simple y temporal, procurando que se reconociera lo histórico y lo actual.
Según nos explica el arquitecto Gustavo Arango, estas dos maneras de ver el proyecto fue el punto central de todo el proyecto, que se puso en ejecución y ya está habilitado para recibir a su primer grupo de visitantes, en un evento inaugural a realizarse a finales del mes de agosto. Teniendo siempre presente que las ruinas son patrimonio nacional, los arquitectos y demás involucrados en el proyecto reconocieron la responsabilidad de esta gran tarea.
Luego de un estudio minucioso del lugar, el primer paso de la reestructuración fue estabilizar los muros, asegurando que no se derrumbaran hacia adentro o hacia fuera. Agrega Arango: "ante esta situación se decidió colocar columnas adentro de la nave central de la iglesia y que éstas, a su vez, sostuvieran el techo, que también sería habilitado".
Erróneamente, esta tarea fue rechazada por los arqueólogos, ya que esto implicaba abrir fundaciones y, a su vez, la perturbación de un sitio de mucha riqueza arqueológica. "Fue así como surgió la acertada idea de utilizar el techo para estabilizar la ruina, dando como resultado el diseño del techo, el cual busca el punto más rígido de la estructura, que es el centro de la nave", manifestó Arango. "En esta nave se encuentra un arco, y de allí se sacaron dos diagonales que apuntalaran los piñones de la fachada, para, de esa manera, asegurar que la iglesia no colapsara hacia adentro. Luego se atravesaron los piñones con cables, que también aseguran que no colapse hacia fuera"
Una vez estabilizados los muros, de la manera más simple, se procedió al siguiente paso, que consistía en cómo techar la estructura. Aclara Arango que lo más honesto fue utilizar la misma estructura para darle forma al techo, logrando de esa manera dejar el espacio libre, visualmente, a la intervención que se había hecho, colocando una armazón de acero, madera y acrílicos.
Otra de las rehabilitaciones que se ejecutó fue la recreación de los arcos, con ladrillos que los aseguran a la vez. Los pisos son módulos de madera de bálsamo, colocados sobre arena. Finalmente, Arango aseguró que toda la intervención es de carácter temporal, o sea, desplazables, para facilitar la tarea de arqueólogos en sus intervenciones, sin tener que perturbar las facciones del lugar.
"Nosotros tenemos carros asegurados que tienen más de 10 años, porque llenan los requisitos...no nos estamos negando a asegurar vehículo, nos negamos a asegurar chatarras", expresó Rabat. Explicó que tienen asegurados a los buses de La Chorrera, porque son un ejemplo de orden y de seguir los reglamentos.
Las compañías aseguradoras tienen la disponibilidad de asegurar un vehículo, siempre y cuando llene los requisitos, reiteró. "El problema que el transporte en Panamá está hecho el diablo, ya no se puede hablar sólo de los diablos rojos, sino que ahora hay diablos verdes, amarillos y blancos...y no se le está prestando la debida atención, las autoridades deben hacer algo cuanto antes", advirtió.
Según información suministrada por la ATTT, en Panamá opera un total de 40 mil 355 automóviles; de éstos cuatro mil 757 son buses colegiales, siete mil 861 buses, 21 mil 80 taxis, cinco mil 90 de rutas internas, 863 servicio de turismo, 257 transportes de empleados, 295 servicios de lujo y otros 162.