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Denuncian irresponsabilidad paterna y maltrato

"Quiero que las autoridades me ayuden para que el padre de mis hijos les proporcione su pensión alimenticia, seguro social y me reconozca a mi hija Rosa".


El sólo meditar de que cuando se levantan de su incómoda y rústica cama no habrá nada para desayunar, deja un sabor amargo de las calamidades que tiene la vida, sobre todo, cuando los menos indefensos son aquéllos que pagan ese alto costo por sobrevivir.
Son siete hermanos, todos menores de edad. Su madre, Rosa Quijada, de 34 años de edad, tiene en su cuerpo las huellas de los golpes que la han marcado por y para el resto de su vida. Su pesar crece cada vez más cuando mira entre cuatro paredes de madera y zinc, y siente que el hambre muerde y aturde las entrañas de sus hijos. Y casi imposibilitada porque sin empleo, sin apoyo del padre de las criaturas y casi sin ánimo para seguir luchando, las esperanzas de llevar una vida digna siguen desvaneciéndose entre el polvo y la oscuridad.
Amado, el padre que huye irresponsablemente ante sus obligaciones, golpeó y maltrató a Rosa por unos 14 años consecutivamente. Ella enmudecida por el temor a ser sentenciada, guardó silencio eterno, parió 7 niños, sin contar el primer bebé que lo abortó producto de esa dura vida.
Y qué hablar, "cuando llegaba de viaje, borracho y fuera de control me obligaba a tener relaciones sexuales... de lo contrario solamente me esperaba puños y puños". Estas palabras que hoy salen de la boca de Rosa son las mismas que otras mujeres panameñas aprietan entre sus labios, tal vez por ignorancia o desconocimiento de las leyes.
"Soporté, soporté demasiado. Nos separamos en varias ocasiones, pero él regresaba y me decía que iba a cambiar, nunca fue cierto. Yo, para no quedarme sola sin tener a dónde ir, seguí viviendo mi calvario y en aquel entonces por lo menos me daba dinero para comprar la comida", dijo la afectada.
Vivienda nunca les ofreció. Sin embargo, gracias a las diligencias del padre de Rosa, ella y sus hijos residen en una pequeña e inhóspita casita de zinc y tablas en la barriada Martín Torrijos, en San Joaquín, hacia el sector Este de la ciudad capital. Muebles o pretensiones algunas desconocen Yenileth, Amado, Dioleyka, Rosita, María Elena, Rosalía y Gilberto.
Este padre que rehuye su obligación de proporcionarle la educación, alimentación y el cariño que cualquier ser humano se merece, ya fue alertado por las autoridades, sin embargo, allí quedó el asunto. Rosa aseguró que "Amado trabaja en el Puerto de Vacamonte, teniendo derecho a seguro social, vacaciones, décimo tercer mes... Pero a sus hijos no los mantiene, ni tampoco los quiere". Ella ahora vive con otro hombre, que aunque no tiene trabajo, éste busca la manera para sostener a los hijos de Amado y el de él.
Rosa, de 14 años, indignada por el maltrato que ha sufrido su mamá y visiblemente conmovida, denunció que en la pasada Navidad su propio papá la golpeó porque le fue a pedir dinero para la cena navideña. "Mis hermanos necesitan alimentos, medicinas y colchones... ya viene la escuela y no tenemos nada".
Muchas familias de la localidad se verán reflejadas en este cuadro social. Pero se necesita el valor de Rosa Quijada para denunciar el maltrato del que fue víctima por largos años, sirviendo de enseñanza a otras mujeres que sufren en silencio.


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79971
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América