Viste el vestido que quieras. Al fin y al cabo, eres tú, con tu carga de virtudes y defectos que te hace único. Pero compartes un mismo escenario con “el otro” o “la otra”. Con “los demás”, “el resto”...
O te acomodas al mundo o acomodas el mundo o la pasas mal. ¡Elige!
Autenticidad es un ingrediente que necesitas para que tu vida sea más llevadera.
Inseguridad, falta de definición de tus metas y la doble moral trabajan en contra tuya.
Tres mujeres y dos hombres de la tierra del tango con maestría entretejen historias de vida, de gente común, que camina por estos caminos de Dios cargando un equipaje en el que amontona elementos que le restan calidad de vida, pero también habla de solidaridad, de la necesidad de amar y ser amado, de soledad...
La propuesta teatral de Argentina en el IV Festival de Artes Escénicas se desarrolló el sábado pasado en un Teatro Nacional que si bien no estaba lleno, tenía considerable cantidad de público.
Recuerden que esa noche, a pocas cuadras, en Plaza Herrera, había pasarela en Fashion Feast, en Diablo Rosso y el Museo del Canal había actividades relacionadas con Panamá Gráfico y Festival Caribe Panamá 2010.
Puesta.En un escenario donde cientos de libros eran testigos mudos de los sucesos cotidianos en una oficina, se vivieron escenas de amor, desamor, invasión de la privacidad, decepción, frustración y tristeza. La alegría no fue invitada a este desfile de emociones.
Héctor perdió a su madre. En sus años dorados, su destino parece ser la soledad.
Sandra tiene un anhelo insatisfecho, acunar un bebé en sus brazos. Un bebé que algún día le diga “¡mami!”.
Mónica, “Moni” para sus amigos y compañeros de labor, no parecía encajar en ningún lado, y queriendo hacer bien, atosigaba y pecaba de impertinente.
También estaban Sofía y Manuel, que no eran parte del personal de esa oficina, pero a la larga se sabría que, como bien dirían los viejitos del interior, sí tenían un pito que tocar en ese entierro, puesto que Manuel, como compañero de Sofía, poco hacía por salvar la resquebrajada relación en pareja. Nunca tuvo una conducta de franca apertura, siempre andaba como esquivo, escurridizo, se hacía de rogar, se quejaba de todo.
Sus razones tendría y algún secretillo...
Es que había gato encubierto. ¡Y qué gato!