Con tantas ocupaciones que exige la vida moderna, a veces no hay tiempo ni para sentarse a comer, masticar bien los alimentos y hacer la digestión adecuada que el organismo necesita, mucho menos para preparar el menú en casa y llevarlo al campo de trabajo. Este problema aumenta cada vez más, por lo que es común ver filas de personas en los puestos de comida rápida para desayunar, almorzar y hasta cenar.
Tampoco son todos los que tienen tiempo para hacer una parada y comprarle al vendedor de la esquina aunque sea una empanada y una chicha para desayunar o almorzar. Las razones de este grupo son variadas. Algunos no lo hacen porque no les parece importante cumplir con el régimen alimenticio acostumbrado de las tres comidas y otros, sobre todo damas, porque no quieren engordar.
Aunado a la falta de tiempo y práctica de estrictas dietas, también crecen los padecimientos por desórdenes alimenticios, los cuales van desde obesidad, colesterol y triglicerios altos, hasta enfermedades gastrointestinales que pueden acabar con la vida, indica la doctora Itzel Velásquez, especialista en nutrición clínica.
Velásquez explica que los desórdenes alimenticios se producen al ingerir alimentos a cualquier hora, o saltarse una o dos comidas al día, alterando de esta manera el buen funcionamiento del organismo.
Precisa que el ser humano está adecuado para ingerir tres comidas diarias y reconoce el ayuno fisiológico del sueño, el cual va de 8 a 10 horas, pero cuando despertamos y empezamos a movernos necesita de alimentos, porque de esta manera se recarga de energía.
Es así como, al no desayunar, que es la primera comida del día, de inmediato se altera todo el metabolismo y con ello la capacidad productiva del individuo, porque no tiene fuerzas para ejecutar acciones.
La especialista agrega que, si por el contrario, desayunas pero no almuerzas, pasarán muchas horas hasta que llegue la cena y para entonces tendrás hambre al doble, lo que provocará que comas más, y por la hora, todo irá a los depósitos de engorde.
Además, al ingerir alimentos de noche, más si es la única comida del día y luego sentarnos hasta que llegue la hora de dormir, es lo que más daño puede hacerle al organismo, ya que los nutrientes van a los depósitos, provocando el aumento de la masa grasa.
A juicio de la doctora, al saltar las comidas u omitirlas se somete al organismo a ocho o más horas de ayuno, lo que provoca debilidad en el cuerpo para movilizarse y ejecutar acciones.
También los receptores que ingresan grasa al interior de las células adiposas se duplican y hasta triplican cuando volvemos a comer, porque se engordan y dividen con el efecto de la "hipertrofia".
Sostiene que estas malas prácticas son perjudiciales, porque se aumenta el volumen del peso corporal y además de la obesidad sobrevienen patologías gástricas que pueden provocar serias enfermedades y padecimientos.