Una lluvia de confeti recibió a las 52 enfermeras recién casadas que pusieron sus vidas en peligro cuidando a pacientes con el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG) durante la epidemia que mató a cerca de 200 personas en Pekín.
Hasta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la capital china estaba libre de la epidemia, las enfermeras que habían estado en contacto con enfermos estuvieron en cuarentena y se les impidió estar con sus familias o participar en actos públicos.