Esta es la segunda ocasión en que platicamos de la obra de Braulio Matos (l968). La primera en ocasión , en l998, y en base a la muestra que cubriera en Museum. Ahora, en EnmarArte, "Fuerzas del Alma", es el nombre que amparó su muestra de l999. En estos nuevos óleos suyos continúa, en cierta forma la variable característica, casi obsesiva, de aquella ocasión ("Mujer, sueño y sensibilidad", daba nombre al conjunto). Ella sería la evocación de el eterno femenino pero éste, como idea y como tema, enclaustrado, limitado, en una atmósfera de elementos cotidianos y anodinos.. Esta era la idea con la cual o en la cual se solazaba el artista.
Incorporado a ello el manejo contundente, dos años después, de lo surreal y de lo críptico y a manera de entender su obra como texto en el cual ambos conceptos se ordenan visualmente, a través de claves intrincada y sin embargo dentro de la misma variable.
Es evidente que Matos asume como guía de su trabajo la lección que siglos atrás definiera el Bosco. O sea utilizar la dimensión espacial que establece la pintura para construir paraísos sensoriales y conceptuales, bidimensionales, que evocan al tiempo infiernos humanos en torno a esos mismos sentidos y algo ampliamente destacado por los historiadores del Arte- reflejo de una época escindida entre los placeres terrenales y el goce espiritual. En Matos la idea si bien ajena a esa escición..
Así, los objetos caseros que rondaban hace dos años sus espacios, han desaparecido y se trata ahora de trasfondos que básicamente son una especie de limbo en el cual hay caminos de colores y reptiles. También mujeres aladas y al estilo de las figuras que, en sus últimos trabajos, manejara Eduardo Navarro. En el contexto del maestro italiano, los óleos de Matos semejan tapices dado que fungen como narraciones (esa idea de paraísos e infiernos) y mapean esas búsquedas a lo largo de elipsis interminables, que entran y salen del lienzo. Mismas cuyas opacidades en el color están en abierto contraste con fondos terrosos y poco contrastante.
RAFA FERNANDEZ EN "IMAGEN"
Esta nueva ocasión de contar con el maestro costarricense entre nosotros nos confirma las excelencias que siempre lo han caracterizado. Nacido en l935 y con una obra que abarcaría casi cuatro décadas, Fernández continua siendo el mismo al tiempo que no lo es. La aparente dualidad no es tal.
En la muestra anterior (l997) sugería una especie de tendencia a lo no figurativo aún en medio de la fuerte dosis figurativa que siempre ha marcado el terreno de Fernández. Ello se dejaba ver en sus fondos dispersos y en los que el color, puro y absoluto, sugería una presencia temática. Contrariamente, ahora, los fondos de estos nuevos óleos suyos enfatizan interiores que ofrecen una especie de "trasfondo" a s sus mujeres o bien fungen como reflejos, figurativos, de las interioridades que podríamos suponer como observadores de esas mujeres.
Incluso Fernández juega con la perspectiva y la composición, a partir de esta idea, que eran dos elementos poco trabajado en sus óleos de hace dos años. Se enriquece de esta manera lo que Sánchez Pacheco menciona como "realismo exaltado" y que no sería más, a nuestro juicio, que el regodeo del artista con lo figurativo. Mismo que en varias obras de este conjunto sugiere, expresa, un nivel de surrealismo.
CARLOS RODANICHE EN "MATEO SARIEL"
Este conjunto de "Obras Recientes" de Carlos Rodaniche tendrían que ser entendidas como parte de un período de transición en el artista, más que come testimonio que, en cierta manera, culmina las expectativas de su muestra anterior en "Mateo Sariel". Somos de la idea de que si algo definen ellas, las obras, es la manera cómo se intenta dar respuesta a disyuntivas de carácter técnico. Es decir si algo definen en el dilema que siempre confrontaría el pintor autodidacta al enfrentarse a dilemas, en su obra, a los cuales no encuentra una respuesta precisa y exacta. Acá esta claro el mismo: la incorporación de elementos no figurativos en trabajos que en esencia se pretenden continúen dentro de la acepción.
En esos momentos es cuando queda en limpio, para el pintor autodidacta, que ni el color, ni el espacio, ni la línea tienen valor alguno, si el artista no sabe cómo manejarlos.
Aclaremos: Carlos Rodaniche, en su muestra anterior, dentro de la vía no figurativa, manejó estos elementos, intuitivamente hablando, de forma acertada más aún tratándose de un acento, como el suyo, personal y distintivo.
Ahora esos mismos elementos resultarían ligeramente erráticos, caprichosos, obvios, al reunirse en el lienzo con la simple intención no de expresar una vía, es decir una "forma" de decir algo, sino comprometidos en manifestarnos un concepto visual, trascendente y en cierta forma engolado por ese trementismo. Lo que en sus trabajos previos se asumía como frescura y ligereza al tiempo que como rasgo de control, pictóricamente hablando, acá resulta estático, altisonante, y tendenciosamente signado por un artista que, intenta, se le tome de golpe como significativo. Es decir no hay espontaneidad en el conjunto y sí mucha intencionalidad.
Por ello señalamos un momento de transición, dentro de su obra. Más aún cuando aisladamente hay obras que nos acercan a la posibilidad de ver la idea, posteriromente, mejor y más maduramente definida. Es que al lado de esos momentos hay otros varios, desafortunadamente los más, en los cuales Rodaniche ser acerca a las atmósferas de otros creadores de la localidad. Y lo hace de forma tan obvia que uno no puede dejar de pensar en ellos al observarlo a él. Insistimos no tanto en cuanto que los copia sino que espera, a partir de la exterioridad de aquellos, darle respuesta a los dilemas que é, Rodaniche, confronta en sus trabajos.
Así las cosas entenderíamos su conjunto de cierre de milenio como uno representativo de esas búsquedas. Insistimos, mismas que siempre habrá de confrontar el pintor autodidacta que solamente a través de su intuición intenta darle respuestas al Arte que, en casos específicos, requiere de una respuesta que ponga de manifiesto conocimientos que forman parte del renglón académico del artista. Si no se es genial, y desde inicios del milenio el calificativo en la pintura, al menos, ya desapareció, hay que remitirse a otra vertiente porque en la simple intuición no habrá respuesta. Más aún cuando la edad es temprana y es evidente que aún queda muchísimo por aprender y solucioar.
Con estas "Obras Recientes", Carlos Rodaniche ha logrado vender, ello es evidente, pero este calificativo no es sinónimo obligante de otra cosa que no sea que a la gente le gusta lo que hace o que a lo sumo comprar obras suyas ha sido una recomendación obligante. Tiene muchas otras cosas más que darnos, de acuerdo a lo que le conocemos, y a esa premisa nos aferramos de forma contundente.