El mismo día en que la selección argentina debutó en el mundial de 1978, Borges dictó pomposamente una conferencia sobre la inmortalidad.
Hace unas décadas, quien se reconociera como un ser más o menos espiritual debía ignorar o aún despreciar rigurosamente el fútbol.
Ahora las paces están largamente hechas, y nadie parece ver un conflicto entre saltar de La Iliada o Pablo Picasso al Real Madrid en una misma tarde.
El canciller Gerhard Schröeder y el "emperador" Franz Beckenbauer abrieron la exposición, que se anuncia como "la mayor muestra contemporánea dedicada a las relaciones entre arte y fútbol".
Fotografías, pinturas, videos, objetos e instalaciones se dedican directa, indirectamente y a veces muy vagamente a las posibilidades estéticas del fútbol.
Y las hay muy directas: las fotografías de masas flameantes en los estadios, tomadas por el inglés Henry Bond y el francés Stephen Dean; una figura de un futbolista de tamaño real hecha con las lengüetas de botines de fútbol por el inglés Satch Hoyt.
Algunos usan al fútbol como pretexto, como el mexicano Gustavo Artigas y su video de muchachos que juegan contra una pared, que es el muro que divide México de los Estados Unidos.
Pero una de las obras más interesantes es el llamado "Juego de los Milagros" del uruguayo Federico Arnaud, un fútbol de mesa transformado en un escenario teológico.
Santos, María, Jesús y el mismo Dios son los jugadores de este partido ubicado en algún lugar celestial.