Lo anterior forma parte de lo que salió a relucir en conversación con la psicoterapeuta Lizeyca Villamil sobre el tema de cómo procurar que una discusión lesione la relación, puesto que, ella explicó que la discusión en sí no es mala si sirve para aclarar malos entendidos y para aprender a escuchar el punto de vista del otro o de la otra.
Hay que entender, que no es fácil la convivencia humana si no hay tolerancia, empatía, respeto, valores, solidaridad, amor. Y, esto es válido para el sistema social y los subsistemas familia, centro laboral y comunidad.
En el caso de la pareja, es bueno tomar en cuenta que se trata de personas distintas que emprenden una vida juntos; ambos, al provenir de diferentes familias y ambientes, traen rasgos, conductas, vivencias innatas y culturales que al unir la empresa familiar deben verse como aportes y ayudarlas a complementarse y, de ninguna manera, verlos como obstáculos para tener éxito en el matrimonio.
No discuta en rojo. Es mejor que salga a caminar o realice alguna actividad relajante antes de entablar la conversación, porque si lo hace en ese estado, lo más seguro es que va a decir algo hiriente que luego pudiera lamentar, porque, como están envueltas las emociones en este caso "las palabras no se las lleva el viento", más bien, son como puñales que hieren el corazón de el/la afectado cada vez que las recuerda.
Conozca las señales que le da su cuerpo que indican que está perdiendo el control (palpitaciones, enrojecimiento facial, alteraciones respiratorias, si se le crispan los puños o se le aprieta el mentón, si se le sube la presión, se le tensa la espina dorsal, etc.).
Si va a tratar un tema controversial, busque el mejor momento, no cuando la persona acaba de llegar de un agotador día de trabajo o cuando está viendo su programa favorito. La idea es dar a conocer su punto de vista y escuchar el contrario pero, si ambas personas no están centradas en ese objetivo, la cosa no camina, es decir, si la otra persona está distraída, no le va a poner atención.
Trate de ponerse en el lugar de la otra persona, de entender porque dijo/actuó así. La empatía ayuda mucho.
Cuando quiere expresarle a su pareja su disconformidad acerca de algo que él dice /hace, deja de decir/hacer, comience con expresiones como: "Cuando llegas tarde me haces sentir como si no te importara". Es decir, concéntrese en mencionar la acción y como la hace sentir, en vez de decir expresiones acusatorias como: "Tú eres un irresponsable porque llegas tarde".
Escoja sus batallas. No puede estar peleando por todo, enfoque en las cosas que siente que son más significativas y que si no se camina pueden afectar la salud de la relación con su pareja.
Pregúntese antes de emprender una discusión; si lo hace porque le importa que todo marche bien para ambos o mejore para quien está siendo afectado por la situación imperante o únicamente por capricho o por "salvar" la cara o el ego suyo.
Evite comparaciones. Las personas son diferentes, actúan distinto ante circunstancias similares.
Evite traer errores pasados a colación. Después de 20 años no va a continuar machacando por los errores del pasado.
No critique a su pareja en público. A nadie le gusta que lo exhiban, esto le baja la autoestima y lo pone a la defensiva.
Perdone, recuerde que el rencor es como una gangrena silenciosa que eventualmente corroe el área emocional, física mental y espiritual. Tome en cuenta alguna ocasión tendrá que disculpar algún error no cometido. ¿Qué pierde con perdonar o incluso aceptar una culpa no suya pero que al hacerlo puede ayudar a mejorar la relación? Ser humilde es muestra de sabiduría.
Finalmente, la psicoterapeuta aconseja : "saque tiempo para compartir con su pareja.
Saque tiempo para usted, para conocerse a usted mismo y a Dios."