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¿Divorciarse o seguir juntos por los niños?


No hay una mejor o peor decisión, todo depende de los involucrados y de lo que deseen. Algunos profesionales son partidarios de que los matrimonios sigan juntos aún cuando tengan grandes diferencias con tal de darle un padre y una madre a sus hijos. Otros proponen cortar por lo sano y enfrentar la situación, tratando de sacar el mejor provecho para los hijos.
En opinión de la psicóloga María Eugenia Moreno-Góngora, si existen problemas graves, situaciones irreconciliables o si se ha probado sin éxito de todo para salvar la relación, no debemos emplear el argumento de seguir juntos por los hijos, cuando somos los padres los incapaces de aceptar que el matrimonio no funcionó.
No es positivo que los niños convivan en un ambiente en donde la agresividad y el maltrato imperen. Los hijos sienten una gran carga de culpabilidad, ellos son perceptivos y cuando ven a mamá y a papá sufriendo, creen que no se divorcian por causa de ellos.
Es una situación compleja en la que la respuesta depende de lo que está bien y lo que está mal, requiere ver los matices, las posibilidades y el deseo de salvar un matrimonio con un compromiso de las dos personas que lo componen. "Mientras el matrimonio pueda subsistir de la mejor manera, será beneficioso para los niños; pero si el ambiente es nefasto ¿Qué es lo que le estamos brindando a ellos?", se preguntó Moreno-Góngora.
La psicóloga suele decir que las palabras son huecas y sin sentido cuando no son acompañadas por hechos. El discurso que tenemos que decir a los pequeños de que los vamos a seguir queriendo (atendiendo o visitando) aunque nos separemos y que no va a perder a ninguno de los dos, ya nos lo sabemos. Lo importante no es lo que digamos sino lo que hagamos.
Si el padre o madre que no viven con él o ella dice que nada cambiará, pero deja de llamarlo o buscarlo y comienza a tener otros intereses, relegando a su hijo/a de sus prioridades, el niño/a entiende que hay un alejamiento y una disminución en la manera de quererlos.
María Eugenia recomiendan a los padres buscar apoyo y orientación para que nuestras palabras reflejen nuestros actos. No se trata de sólo dar pensión y visitarlos porque la ley lo obliga, sino de estar presente emocional y físicamente para cuando se le necesite. Esta advertencia es para los dos progenitores, quien sale de la casa y aquel que "se queda" con los hijos. Los últimos también pueden desvincularse física y emocionalmente, le dan techo, comida y suplen las necesidades básicas, pero puede que no cumplen con los requisitos que les dan seguridad a los hijos.
Cuando al escuchar el nombre de tu ex te enferma o si su sólo recuerdo te cuece el hígado y no puedes evitar poner mala cara, la psicóloga recomienda buscar ayuda con profesionales o con guías espirituales de la religión que se practique para sanar las heridas.
Después de una separación es natural sentir resentimiento, rabia, dolor o frustración; sin embargo, debemos pensar que en el medio hay niños, por quienes se debe aprender o intentar asimilar la situación.
¿Son candidatos a la separación y a vivir relaciones difíciles los hijos del divorcio? Al respecto existen muchas opiniones. La psicóloga María E. Moreno-Góngora explicó: "El divorcio causa un efecto demoledor en la personalidad del individuo (niños o adultos), pero como seres humanos tenemos la capacidad regeneradora de sobreponernos, fortalecernos y volver a empezar". Luego de una separación quedan huellas, dudas y temores, la gravedad y efecto posterior dependerán de la estructura mental del individuo y del manejo que se le dé en su momento.
Cuando las personas se separan pueden desarrollar una serie de conductas que denotan liberación, desbocándose incluso en comportamientos riesgosos, esta manera de actuar puede ser transitoria o permanente. Ellos y ellas vuelven al "mercado" sentimental, buscan qué hacer con sus vidas y no tardarán en encontrar una pareja.
Debe imperar la prudencia al sopesar los efectos que puede tener sobre los niños el hecho de que se les presente a diferentes personas como nuestra pareja a breves intervalos de tiempo. Esta falta de seriedad puede producirles una sensación de inestabilidad e inseguridad muy grande.
El momento indicado de introducir a una persona con nuestros hijos es cuando sepamos que la relación ha evolucionado a algo más responsable y comprometido.
Cuando ya se han resuelto los aspectos legales de la separación y está todo por escrito, lo ideal sería hacer más de lo que manda la ley. No es sólo buscarlo cada 15 días, sino llamarlo regularmente; no se trata de recogerlo y dejarlo luego en casa de la abuela, más bien debemos aprovechar ese tiempo para dar una atención de calidad a nuestros pequeños.
La terapeuta recomienda atenderlos, ser accesibles, compartir lo que podamos en el tiempo que estemos juntos, llevarse bien con el o la ex por los niños y no desvincularse de ellos. Si es adolescente, llévelos a la fiesta o al cine; si es más pequeño procure conversar y pasar más tiempo con él o ella. "Se trata de hacer un esfuerzo extra del que harías si estuvieras viviendo permanentemente con tus hijos", especificó la experta.


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115428
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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