"Yo amo mi trabajo y me esfuerzo para que mis clientes estén satisfechos. Este es el hospital de cualquier cámara. Aquí lo que yo no reparo no te lo repara nadie", señaló un entusiasta Porfirio Córdova, que durante 35 años se ha dedicado a reparar cámaras fotográficas.
En su taller en la Avenida Balboa, nos esperaba acompañado de su nietecita. Allí, jovial, trabajador, se dedica a lo que más que un trabajo es un pasatiempo que le ha permitido criar a sus hijos y seguir llevando el sustento a su hogar, a la vez que gana amigos y la pasa bien. En su taller lo puede hallar desde las 7:30 a.m. a las 3:00 p.m. Atento, disponible, brindándole un servicio de calidad. Y, por qué, no, un consejo, como veremos más adelante que nos explica en tertulia que sostuvimos mientras la nieta se dedicaba a colorear y Edward Santos a tratar de tomarle el mejor ángulo a este señor que tenía varias mesas con cámaras desarmadas y estaba presto a volver a poner cada tornillo en su sitio. Vaya tarea, si a veces nos parecían tan minúsculos y tan parecidos que no entendíamos cómo no se confundía.
NO HAY CAMARA MALA
A nuestro interlocutor, que no le vengan con cuentos de que las fotos salen malas porque la cámara es mala. La experiencia le ha demostrado que por lo general en sí la cámara no es mala- "Si usted no sabe usarla, entonces es fácil decir que es una cámara mala, pero si es buen fotógrafo logra tomar buenas fotos", expresó. Pero, afirmó que mal se puede esperar que la cámara haga maravillas si se le maltrata y no se le da mantenimiento.
MANTENIMIENTO ES LA CLAVE
Ducho en la materia, el Sr. Porfirio dijo que para que una cámara dure, una condición esencial es darle mantenimiento, pero en Panamá el fotógrafo no le da mantenimiento a su cámara, por lo menos cada seis meses debería llevarla a un taller para revisión y lubricación y los lentes debe limpiarlos, no meterlos en el closet ni engavetarlos, como acostumbra a hacer el panameño. Luego, "cuando ya no tiene ninguna cámara trabajando bien lo que hace es que me las trae todas juntas. A veces hasta cinco o siete cámaras".
Y a la cámara , por favor, no le deje la batería adentro cuando no la está usando.
No se olvide, tampoco, que es importante llevarla donde un buen técnico, para asegurarse que le den buen mantenimiento y hasta le hagan sugerencias sobre cómo cuidarla mejor, porque hay mucha gente intrépida que dicen que reparan, pero lo que hacen es dañar las cámaras, reiteró el entrevistado.
El es panameño y tiene 65 años. Es colonense y vive en Arraiján, pero su taller lo tiene en Ave Balboa. Se vino muy muchacho a la capital. Su esposa se llama Julia Elena Córdova y es de Chepo. Tienen 4 hijos ( dos varones y dos mujeres) y una nieta y un nieto.
El trabaja con Canon y otras compañías distribuidoras de cámaras fotográficas, que cuando ya sus técnicos se dan por vencidos les envían las cámaras "desahuciadas" a este veterano quien demuestra que por algo es un maestro en el arte de repararlas. Diariamente repara al menos una.
SE LABRO UN BUEN NOMBRE
El no necesita hacerle propaganda a su taller, ya que su buen servicio habla por sí mismo.
No es un taller rentable, lucrativo, ya que según explicó trabaja por producción y sus precios son económicos porque él disfruta su trabajo y le importa mucho ser justo con sus clientes. El cobra entre B/.25.00 y B/.30.00 por limpiar un lente. Pero, más que lo que gana lo importante es cómo se siente él con su trabajo. " Me siento feliz porque a mí me gusta ayudar y el que viene, viene es en busca de ayuda. Yo presto mis servicios así, no importa quien sea, yo estoy aquí para dar ese servicio, no sólo técnico, sino trato de instruir".
TRABAJAR CON AMOR
De sus hijos el más grande sí sabe reparar cámaras, pero está estudiando otra carrera, porque no le tiene amor al trabajo que hace su padre. De allí que el Sr. Porfirio lo deja que trabaje en algo que le gusta, porque, "si tú no amas lo que haces, no lo haces bien".
Con gran orgullo, propio de quien conoce a fondo lo que hace, ante nuestra sorpresa por la cantidad de piezas pequeñas que tiene una cámara y cómo él se las arregla para diferenciarlas y saber dónde van, exclama: "Ese conocimiento lo da la experiencia. Los años de servicio". Primero fue profesor de electricidad en la escuela Fe y Alegría y ganó la oportunidad de asistir a un curso de la Kodak, donde aprendió mucho sobre cámaras fotográficas y temas afines. Lleva 35 años reparándolas. En el local que ocupa lleva doce años.
A SATISFACCION DEL CLIENTE
Lo que hace lo hace lo mejor posible. "Yo cuando reparo no me limito a reparar. Lubrico, chequeo, limpio. Entrego un equipo casi nuevo, hago el trabajo completo. Quiero tener a mis clientes contentos. Vienen a buscar un buen servicio, alguien que los atienda bien y me esmero porque salgan satisfechos".
No le importa dedicar tiempo a instruir a las personas sobre cómo usar su cámara porque "me siento feliz, contento, estoy para servir". Y ha logrado hacerse de un nombre en lo que respecta a reparación de cámaras fotográficas.
"Cuando yo empecé este taller sin ningún cliente, pasé las de Caín, porque no fue sino hasta después de seis meses que llegó mi primer cliente".
Afortunadamente para Don Porfirio y precisamente debido a su seriedad, don de gentes y dedicación, "hoy día tengo miles de clientes, tanto nacionales como extranjeros". Reconocidas empresas distribuidoras de equipo fotográfico y para filmación solicitan a menudo sus servicios profesionales.
El 95% de las cámaras que llegan las repara, es decir, de cada 10, repara 9.
Principalmente le traen cámaras profesionales. Y, los principales problemas que presentan las cámaras son: de cortina, el mecanismo de avance, el sistema de sincronización y a veces hongos en los lentes por exceso de humedad en estos y falta de mantenimiento.
HOSPITAL DE CAMARAS
"Este es el hospital de cualquier cámara, aquí lo que yo no reparo, no lo repara nadie", expresa un satisfecho Don Porfirio quien tan servicial como es nos dijo que estaba a las órdenes para cualquier consulta y que para él servirle a las personas y verlas contentas con la atención que de él reciben le es muy gratificante.