Donar sangre dos veces al año puede proteger a las personas mayores del infarto cardíaco, sostienen los médicos de la unidad de Neurología de la Clínica Universitaria de Innsbruck.
Según explicó el jefe del equipo, Stefan Kiechl al presentar su trabajo a la Sociedad de los Médicos en Viena, un estudio de los científicos de Innsbruck en más de mil hombres y mujeres entre los 40 y 79 años le hizo establecer una nueva teoría sobre las causas del infarto, basada en el metabolismo de hierro en la sangre.
Desde hace tiempo se sabe que el infarto es provocado por los daños de la arteriosclerosis en las paredes de los vasos sanguíneos, según la opinión de algunos por la creación de unos sedimentos de grasas y su oxidación, según otros porque resulta dañada la capa de células en la pared interior del vaso.
Los médicos tiroleses afirman ahora haber descubierto una forma hasta ahora desconocida de cómo se desarrollan los sedimentos dañinos en las arterias, aparte de las anteriormente conocidas. Como ya se sabía, puede observarse una capa de sedimento estable o que crece lentamente, caso en el que también se pueden producir mecanismos que contrarrestan su crecimiento, o bien donde los sedimentos aumentan de modo explosivo, desempeñando un papel decisivo unos coágulos de sangre que se forman en la superficie de esta capa.
Kiechl asegura haber encontrado una forma de esta dolencia en la que interviene el hierro, parte de la hemoglobina, como uno de los factores primordiales de las transformaciones en las arterias, ya que el hierro, según parece, acelera la oxidación de los lípidos (grasas). Se considera probable que el efecto negativo del hierro se despliega en combinación con altas concentraciones de colesterol en la sangre, hipótesis que se puede ver confirmada por el hecho de que las mujeres antes de la menopausia, mientras sufren la pérdida de sangre mensual de la regla, resultan estar "protegidas" contra el infarto y la apoplejía, comparadas con los hombres.