Variedades

Dos grandes desafíos del Siglo XXI


Atender las necesidades básicas de la población mundial es un reto difícil, pero no imposible de enfrentar, para una humanidad que cuenta con los recursos para ello pero a la cual le hace falta suficiente voluntad y unidad para lograrlo.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, con el lema "un milenio sin hambre", insta a canalizar recursos, esfuerzos y talentos en la obtención de esta obligación mundial y derecho humano.
Señala que no se trata de que queramos o no responder a este desafío. De hecho es un deber en que hay que coparticipar y en que deben ser socios o colaboradores todos los estamentos sociales. La negación de este derecho básico de los seres humanos constituye una afrenta a nuestros congéneres, pone de manifiesto la FAO cuando hace un llamado a esa firme "voluntad colectiva" para subsanar esta anomalía que es el hambre, que enferma y mata a tantos millones de personas de todas las culturas y que es incomprensible entre seres racionales y que han alcanzado niveles otrora inimaginables de avances tecnológicos.
La cifra de los/las habitantes del mundo que padecen hambre es preocupante: 800 millones, no se puede, entonces, dilatar la toma de decisiones al respecto. Y la obligación es de los países grandes, pequeños, pobres, ricos, porque, la disparidad social no se presenta nada más entre una nación y otra, sino dentro de las fronteras de cada país.
No deben caer en saco roto las promesas hechas en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, manifiesta la FAO y menciona otro desafío al que hay que responder como un equipo de seres que saben que comparten un planeta del que no es fácil mudarse y cuyo deterioro les afecta de numerosas maneras. Se trata del gran reto de salvaguardar el ambiente, logrando explotar sabiamente la Tierra y para ello es importante capacitarse y recordar la relación entre animales, seres humanos y naturaleza. Es decir, medir el alcance del uso de plaguicidas, fungicidas y otros químicos que inciden negativamente en la salud humana, de la fauna y de la flora.
El éxodo de los campesinos y las repercusiones para la agricultura, la economía y la calidad de vida de la población deben también ser tomados en cuenta y no alegremente verlos como una tendencia producto de la variada oferta citada que en muchos casos no pasa de ser una mera utopía de bienestar y mejores condiciones de vida. Mucha gente que emigra a la ciudad queda con un sabor amargo en la boca, pero se niega a regresar a la campiña porque allá tampoco hay respuestas.
Ojalá que haya una determinación suficientemente fuerte como para echar a andar una economía participativa y propiciar el progreso colectivo, en una sociedad donde no se discrimine sino que se estimule a todos a dar lo mejor de sí, porque los recursos mundiales alcanzan para todos si se distribuyen bien y nadie sostiene las cargas de los demás.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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