Mestiza, trabajadora, perseverante, asertiva, feliz porque se sabe protagonista clave de su mundo, que va más allá del otrora confinamiento al hogar, donde es lumbre y mentora. Así es la mujer de habla hispana, el ama de casa, la campesina, la indígena, la letrada y la iletrada, la profesional, la madre, la que cura y enhebra la aguja para coser las ropitas de sus hijos, pero también teje ilusiones y cobija sueños. Sueños de un mañana mejor, que construye con su sudor, su entrega, porque nunca le da la espalda al trabajo.
Con el sello Alfaguara (Santillana), nos enviaron a la Redacción de Panamá América un libro de tapa dura, de lujo, en versión no convencional, grande, como grande es, ha sido y sin duda seguirá siendo el aporte de las mujeres.
Está dedicado a la mujer de Iberoamérica, en verdad presenta realidades comunes a muchas mujeres del Norte, el Sur, el Este y el Oeste, del cuarto planeta del Sistema Solar. Fueron más de 20 los países recorridos por Carlos y Teresa.
"Mujeres fuertes", admirables, son todas las de los doscientos (200) retratos de Carlos Díez Polanco, que comparte méritos en esta loable iniciativa con Teresa Aguilar Larrucea, que presenta hermosas reflexiones y mensajes de 21 mujeres, sobre facetas del mundo femenino.
Son retratos que muestran el trabajo "invisible" de la mujer, que a los cuatro vientos grita su orgullo de ser mujer, reclama sus espacios y se regocija de sus logros.
Niñas, adolescentes y mujeres, retratadas en su bregar cotidiano unas, pensativas otras, amamantando, luciendo sus vestidos típicos, trabajando artesanías (como las molas en el caso de las de la etnia kuna de Panamá), cocinando, lavando, abrazando o besando a sus hijos, cargándolos, caminando incansables, siempre con un norte fijo: labrar un mejor porvenir para los suyos.
"Carlos quiere mirar de otra manera, quiere contarnos el mundo con sus ojos, el mundo que vio en cada uno de estos rostros, la historia que palpita entre las cejas de cada mirar a la que le arrancó, con la suavidad que lo caracteriza, un aliento que guardar, en su cámara, para traérnoslo sin más y con todo", escribió la mexicana Ángeles Mastreta, con cuya reflexión abre la obra de 235 páginas.