Entre mis tareas con los chicos y chicas durante la Feria del Ingenio Juvenil de 1998, intercalé mis últimas visitas al Dr. Heraclio Artemio Lombardo Olmos, por todos llamado muy cariñosamente Tío Caco. De eso hace ya un año y ahora retrotraigo el pensamiento a tiempos distante en nuestra querida ciudad de Colón, a donde el alegre Tío Caco nunca dejó de volver.
Diplomático de un organismo internacional y residente junto con Doña Francia Díaz de Lombardo en distintos países latinoamericanos, Tío Caco y Tía Francia viajaban cada Navidad junto con Marianela a pasar las fiesta de fin de año junto a la familia. Con la típica celebración de Colón donde las puertas siempre estaban abiertas para todos los del vecindario quienes pasada la medianoche hacían una visita a cada una de las familias vecinas y compartían todos los manjares de las mesas, ellos también se unían a la celebración y al igual que nosotros, recibían y visitaban a los vecinos y familiares.
Para el Tío Caco, quien siempre departía en conversaciones amenas y tranquilas, eran momentos de crecimiento y satisfacción poder intercambiar ideas sobre la situación del país en términos económicos y la realidad sobre la vida profesional y académica en la que transcurrió su vida, pero también era el momento para recrear los cuentos de los Lombardo (dos hermanas y cuatro hermanos) en su casa de calle 2 y Avenida Meléndez. Las conversaciones económicas, profesionales y académicas se acentúan una vez se radica en Panamá, luego de retirarse del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), donde laboró sin interrupciones desde su constitución en 1961 hasta 1986. Aquí, es donde yo empiezo a conocer el legado público del Tío Caco.
La magnitud del trabajo profesional en el campo de la agricultura es la propia historia de la vida del Tío Caco. Como señala un proverbio oriental, "con esfuerzo, hacer aquello que es difícil", fue su norte. Pese a las limitaciones físicas provocadas por negligencia médica, cuando ésta como tal no se reconocía, se mantuvo siempre activo, y por el contrario, su compromiso lo llevó a la Universidad de Panamá a la Universidad de Arkansas, y a la Universidad de Oklahoma para lograr una óptima preparación para servir no sólo a Panamá, sino a toda la región de Centro América y el Caribe. Cuando no existían legislaciones que facilitaran el acceso a personas con limitaciones motrices, el Dr. Lombardo trabajaba y a la vez estudiaba en la Universidad de Panamá, situación típica del carácter de universidad laboral con que nace nuestra primera casa de estudio.
Al Instituto Nacional de Agricultura en Divisa dedica cuatro años de su vida tras retornar al país una vez finalizados sus estudios de Maestría en Economía Agrícola, de la Universidad de Arkansas. Como estudioso de los problemas agrícolas, apoyó y presentó trabajos de investigación en el área de precio y mercadeo de productos agrícolas, en los productos claves de la época que eran el tomate y el arroz. En particular, centró su atención en lograr un incremento en la productividad agrícola, dedicando tiempo para el análisis de los resultados entre la producción tradicional con coa y machete y la producción por medios mecanizados. Además de investigador fue profesor de la Escuela Nacional de Agricultura, enseñando con dedicación y objetividad las realidades del agro.
Parte de nuestro país para servir en Costa Rica. Aquí perdimos nosotros y ganaron ellos, pues además de organizar la Escuela de Economía Agrícola en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Costa Rica, es su primer Director. El Dr. Lombardo Olmos tuvo la responsabilidad de elaborar el programa de estudios, los contenidos de los cursos, y asesorar en cuanto a la contratación del personal docente de dicha Escuela.
Como funcionario de organismo internacional, es parte del grupo de profesionales que hacen posible el nacimiento del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Se inicia como parte del equipo de estudio para el establecimiento del IICA, y se convierte en uno de sus funcionarios al fundarse el mismo como Instituto en 1961. El Dr. Lombardo apoyó la transformación de lo que se inicia en 1942 como una estación experimental con estudios de posgrado, y se estable formalmente como un Instituto o agencia de asistencia técnica proporcionando consultores a los países de la región.
Durante sus 25 años en el IICA ocupó diferentes direcciones en sus oficinas centrales de Costa Rica, incluyendo el cargo de Director General encargado en varias ocasiones. A nivel regional en Centro América y el Caribe, fue Director de la Oficina de Representante del IICA en República Dominicana y en la República de Guatemala.
Un tema de común interés entre mi Tío Caco y yo era el de la reforma agraria. En su caso era una inquietud por formación profesional en la economía agrícola, en mi caso por formación profesional multi-disciplinaria en la región del noroeste de Asia, en particular Taiwán, Korea, China y Japón.
Para 1978, en pleno auge de las políticas de reforma agraria, y tras visitas de estudio a Taiwan, China y Japón, el Dr. Lombardo era un convencido que la aplicación de la reforma agraria requería de negociación y muy buenas negociaciones con los grandes terratenientes que eran beneficiados con programas de irrigación y subsidios de los gobiernos. Tales negociaciones eran necesarias para poder realizar las expropiaciones requeridas para proceder a la parcelación y distribución de las tierras a los campesinos. Creía en la producción colectiva de los campesinos propietarios de sus parcelas, puesto que ello permitía la aplicación y utilización de la tecnología. En su pensamiento, hizo notar el cambio de énfasis de programas de crédito, extensión e investigación, por aquellos en donde se daba mayor importancia al desarrollo humano, en particular aquel que involucraba la participación de la mujer rural en el proceso de desarrollo agrícola.
En un punto coincidimos. Las reformas agrarias implican la distribución igualitaria de parcelas con similares dimensiones, y la no aplicación de este principio provocó la distorsión del concepto y la anulación los beneficios que ello, en principio, debieron producir.
El Dr. Lombardo creía en el potencial del profesional panameño que se desempeñaba en el campo nacional e internacional, y también pensaba en los que " se desempeñan en las actividades agrícolas conocen los problemas y por ende las soluciones, sólo que hace falta una política sostenida, continuada, permanente, coherente e integral, y no como normalmente resulta ser, una política fragmentaria, intermitente, porque eso afecta mucho". (Octubre 1986).
Creo que si el verdadero sentido de "profesional y productividad", se hubiese tenido en cuenta, hubiéramos sabido aprovechar mejor todos los conocimientos que el Tío Caco supo diseminar en los países de la región. Pero, algo que a todo profesional cabal le disgusta es saber que ha dado un buen y fundamentado consejo y se optan por decisiones frágiles sin justificación en detrimento del país. Es mi convencimiento, que a nivel nacional no se ha reconocido su labor, y así es el dicho "nadie es profeta en su tierra", "lumbre en la calle, oscuridad de la casa". Esta es la historia no de uno, sino de cientos de panameños que tienen que emigrar, o si permanecen no pueden poner el potencial personal para el apoyo de verdaderas soluciones a los problemas sociales y económicos del país.
Tío Caco, durante todo este año que nos dejaste de acompañar, todos los que te quisimos, admiramos y respetamos tanto personal como profesionalmente, extrañamos los diálogos contigo. Sobre todo, escribimos una página invisible de las conversaciones y respuestas que nos diarias cuando te consultáramos.