Afortunadamente, poco a poco la mujer incursiona cada vez más en el campo de los hombres; incluso, en carreras tradicionalmente limitadas a los caballeros. La joven chilena Paula Gajardo, es una de esas mujeres que ha trabajado hombro con hombro al lado de los varones en el campo, debido a su profesión poco común para el resto de los latinoamericanos. Paula, quien es enóloga o experta en vinos, se graduó como agrónoma en la Universidad Católica de Chile, en donde posteriormente tomó una especialidad en Vinos. Como enóloga, puede laborar en distintas ramas; sin embargo, el área más común de trabajo es la de producción de vinos.
Debido a que con el tiempo han surgido distintas aristas, en el caso de Paula, trabaja en el área comercial para Latinoamérica de los vinos “Concha y Toro”, pero enfocándolos desde el punto de vista técnico.
Lleva dos años en el mercado chileno promocionando los vinos, haciendo capacitaciones y ofreciendo charlas de productos, además de mostrar cómo se está produciendo bebida. Según Paula, es una especie de “educadora de vinos”.
Cuenta esta agradable chica que se inclinó a estudiar Enología porque en su familia todos son músicos, sumado a que a ella le gusta mucho la naturaleza.
“Dentro de la naturaleza, siento que me fui por el lado más artístico, porque el mundo del vino es todo un arte... Sintiendo un poquito la vena del músico, pero metiéndole a la naturaleza”. Lo interesante es que es la única de su familia que se dedica a esta profesión.
Pero, aunque parezca poco frecuente ver a una mujer entre los vinos, Paula advierte que la realidad muestra otro panorama.
De acuerdo con Paula, cada vez es menos raro encontrar mujeres enólogas, aunque al principio sí lo era. Recuerda que cuando estudiaba Agronomía, había un 60% hombres, contra el 40% de mujeres, mientras que en la especialidad de Enología, se dividían los sexos en un 50 por ciento.
La especialista en vinos reconoce que actualmente, quizás todavía los hombres sean más famosos en este campo, sin embargo considera que poco a poco las mujeres han logrado participar de mejor forma, pero todavía hay mucho machismo.
“Preferí dedicarme a la parte comercial porque el área de producción es sumamente sacrificada... Prácticamente tienes que vivir en la bodega y cuidar a cada minuto los vinos... Realmente se me hacía algo complicado hacer eso, así que decidí tomar el camino comercial”.
Paula explica que como se cree que el trabajo del campo es exclusivamente de los hombres, aún hay algo de machismo contra las mujeres que tienen que estudiar Agronomía primero, para luego ser enólogas. “En Chile, aún les cuesta ver a un enólogo mujer”, comenta la experta.
Sin embargo, advierte que en su país deben existir unas 140 viñas o más, en donde varias enólogas están a cargos de ellas con gran éxito, lo cual es a su vez reconocido por los hombres, gracias a que la mujer es más detallista.
“El hombre mira el aspecto global, pero la mujer visualiza el detalle, así que se produce un buen complemento entre hombre y mujer”.
Según Paula, el sentido del olfato es fundamental a la hora de apreciar el vino, y en este caso indica que hay quienes dicen que la mujer tiene este sentido mejor desarrollado. Sin embargo, aclara que esto no está comprobado, máxime que hay muchos hombres que tienen muy “buena nariz”, así que la realidad es que lo importante está en la práctica.
“Si vas educando tu nariz, no solamente con el vino, sino con el resto de las cosas que te rodean, te vas acostumbrando a asociar cosas muy similares en el vino... Aunque este es 100% de uva y no tiene ningún agregado, sí se sienten a través de él, aromas parecidos a los que hay en la naturaleza”.
Pero obviamente que no sólo el sentido del olfato interviene en la apreciación de un vino, sino también la vista y el gusto.
Primero se observa el color. Si se trata de un vino blanco, debe ser transparente, brillante y lo más puro posible; en tanto, en el caso de los tintos, deben presentar un color profundo y que no se vea sucio.
Pero, aunque a través del color del vino se pueden captar defectos, con lo que realmente se pueden apreciar sus imperfecciones, es con la nariz.
“Si huele fresco o a frutas, en la boca deberá percibirse igual... Simplemente el gusto confirma lo captado por la nariz”.
Aunque no es posible conocer con exactitud qué tan añejo es un vino, según Paula Gajardo, hay detalles que nos pueden acercar a la edad del vino.
De acuerdo con la experta, en el caso de los vinos blancos es muy fácil, debido a que estos se consumen jóvenes, por lo que siempre son muy claros, transparentes y brillantes.
Gajardo explica que a medida que pasa el tiempo de guardado, que no debe ocurrir en el vino blanco, aunque hay excepciones, este se pone de un color amarillo dorado que puede tornarse hasta ocre, como oxidado.
En cambio, en los vinos tintos, que son rojos, los jóvenes se ven azulosos, como morados y hasta violetas, pero a medida que pasa el tiempo, se tornan a un color rojo ladrillo.
Otro detalle en el vino tinto es que aunque éste es líquido, dentro tiene muchas partículas sólidas dando vueltas que son los colores y el cuerpo del vino, que con el tiempo se juntan dependiendo de la temperatura, poniéndose pesadas y cayendo por gravedad y en forma de sedimentos al fondo. El vino tinto pierde el color, y de rojo intenso, profundo y negruzco, se vuelve color ladrillo. Es por esto que los vinos tintos de casi 50 o 100 años de guarda son casi transparentes.