A aprender se aprende. No es un juego de palabras sino una de grandes verdades de la educación.
Porque para incorporar nuevos conocimientos a la mente, almacenarlos de forma indeleble y aprovecharlos cuando es necesario, no basta con la disciplina y el esfuerzo. Hace falta conocer las herramientas y hábitos que promuevan y faciliten ese aprendizaje eficiente y duradero.
Estimulación, atención y motivación. Nervios, preocupación, angustia, inseguridad, ansiedad, miedo a olvidar lo aprendido o a equivocarse.
Todos hemos sentido algo parecido ante la perspectiva de un examen, cuyo aprobado constituye la culminación de muchas horas de trabajo y estudio.
Para evitar que la presión enturbie los resultados, evitar las sensaciones de inquietud e incertidumbre, y acudir a examinarte con las mayores garantías de éxito y "la lección bien aprendida", conviene aplicar algunas técnicas muy sencillas y eficaces para memorizar.
Es más sencillo de lo que parece, si se sabe cómo.
Estimula tu memoria a largo plazo. Cuando recibimos una información ésta se almacena automáticamente en nuestra memoria a corto plazo donde se mantiene unos segundos, pero después se pierde. Pero si se presta atención a esta información y se analiza, comprende y relaciona con otras ideas, puede pasar a la memoria a largo plazo, que es casi ilimitada en capacidad.
Evita distraer tu atención. Para reducir las posibles interferencias, hay que estudiar en un lugar tranquilo, sin ruido, que facilite la concentración.
Cultiva tu motivación. Es más fácil memorizar aquello que nos interesa. Por ello, debes esforzarte y tratar de ilusionarte con tus asignaturas, buscarle su lado positivo.
Entiende el significado. Antes de comenzar a memorizar es fundamental comprender la información, entenderla. Tratar de memorizar algo que no se entiende exige un esfuerzo enorme y a lo sumo se consigue su memorización imperfecta, con muchos errores, y además suele perderse con rapidez.