En estos días conversaba con un amigo y famoso cardiólogo de la localidad y me señalaba que ahora que los grises matizaban su cuerpo, estaba disfrutando de la vida en forma diferente. Ilustraba con gran felicidad como disfrutó de poder acompañar a sus nietos a volar una cometa, experiencia que no había hecho de niño ni con sus hijos.
Al envejecer todos podemos escoger entre recordar tiempos pasados o vivir a plenitud el presente. Podemos escoger entre vivir tristes y amargados por las fuerzas que ya no tenemos o aprovechar de nuestra madurez, experiencias y conocimientos para sacarle el máximo provecho a cada día.
Considero que cada uno de nosotros somos responsables de cómo nos ven, si bien es cierto ya no corremos con la misma vitalidad pero todavía podemos caminar, tal vez nos cueste un poco más aprender nuevas carreras pero el hecho de saber qué queremos y cómo lo queremos nos permite exprimir hasta el máximo cada experiencia y enseñanza. Si irradiamos luz todos vendrán hacia nosotros pero si lo único que hacemos es proyectar malestar, pesimismo, enfermedad, mal genio, no podemos esperar que los niños, hijos, familiares nos visiten o acudan con la regularidad que deseamos a buscar nuestra compañía, a disfrutar de nuestra conversación o aprender de nuestros puntos de vista. La misma energía que gastamos en una mueca que denota seriedad o disgusto la podemos derivar hacia una sonrisa que suaviza nuestra faz, aún no conozco persona fea que no tenga una bella sonrisa. ¿qué hacer para que nos vean diferentes?
Es así como Lilia Villarreal nos señala que el anciano no debe andar con actitudes de derrumbado: la cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. Cuida tu presentación todos los días. Vístete como si fueras a una fiesta. ¡Qué mejor fiesta que la vida misma!
Ama al ejercicio como a ti mismo. Una caminata alrededor de tu vecindario, unas horas de piscina o cualquier actividad que signifique salir de tu claustro. No hables de achaques ni de vejez porque terminarás creyéndote más viejo y más enfermo de lo que realmente estás.
Cultiva el optimismo, al mal tiempo buena cara. Sé positivo en sus apreciaciones y mantén siempre en tus palabras buen humor. Trata de ser útil a ti y a los demás, no te comportes como una rama desgastada, mantente en movimiento a veces sólo con un consejo te conviertes en tremendo apoyo.
No pienses en que todo el tiempo pasado fue mejor. Déjate de estar condenado al mundo. Alégrate de que entre las espinas florezcan rosas. Siempre con buen ánimo. ¡Recuerda que la vejez no es cuestión de años sino de estado de ánimo!
Los principales medicamentos para el tratamiento del glaucoma son un beta- bloqueador llamado maleato de timolol que es la droga más usada (cuyo nombre comercial es Timoptol), la Dorzolamida (Trusop) y la combinación de timolol + dorzolamida (Cosopt).
Lo que hacen estas drogas es que disminuyen la producción del humor acuso y así reducen la PIO y aumentan el flujo sanguíneo. Entre los efectos secundarios de los medicamentos pueden estar: ardor, visión borrosa y picazón.
Generalmente al paciente con glaucoma se le puede tratar con una droga y luego si es necesario con dos y si no funciona con tres. Otras opciones son la traveculoplastia (cirugía láser) y la traveculectomía (cirugía quirúrgica), donde se les abren huequitos para que el humor acuoso drene.
A los pacientes con glaucoma se les recomienda usar sus medicamentos (porque el no uso de gotas les aumenta la presión) y que eviten cambiar los medicamentos sin autorización de su médico porque ello puede llevar a pérdida de la visión o efectos secundarios.
El Dr. Arturo Wong enfatizó que si bien no se cura, pero se controla y se trata, el glaucoma es conocido como el asesino silencioso porque va destruyendo progresivamente el nervio óptico.