No cabe duda de que el cabello es el marco de la cara y una de las partes del cuerpo que más miradas atrapa, sea por lo bien cuidado o por lo descuidado.
Un grupo de productores de teatro se las ingenió para montar una interesante y nada convencional obra. Y, como dirían en el interior, ¡qué matas de pelo! Sí, había que ver las que tenían las protagonistas secundarias, fueran pelinegras, rubias o rojizas.
Y, digo protagonistas secundarias no porque las actrices hayan tenido unas un papel más importante que las otras. No, lo digo porque el rol estelar era el de todas esas cabelleras y barbas que las había por doquier: en el escenario, colgando del techo, en instalaciones, fotos, pinturas...
Además, una mujer, después de contorsionarse a más no poder vomitó una negra cabellera y otra fue coronada. Y, como en toda sociedad, en esta donde el cabello reinaba, no faltó quien le rendía pleitesía y andaba como perrito falderos para satisfacerle el más mínimo capricho.
Es más, hubo un simulacro de parto: metros y metros de cabello fueron dados a la luz ante los atónitos ojos de los espectadores.
La madre, entre risas y lágrimas abrazó al producto, lo besó, se lo enredó en el cuello y se quitó la vida.
¡Vaya ideas! Son hijas de Bárbara Fetis, directora de la obra, en la que actuó, el 25, 26 y 27, con Nadina Acosta, José Luis Vélez, Arelly Ginela Valderrama, Ana Cristina Araujo, Ana Carrizo y Anays Labrador.
También colaboraron con el espectáculo teatral, que rompió todos los esquemas, y demás manifestaciones artísticas Rolando De Sedas, Anel Reyes, Rosario Barrena, Martín Valero y Lucho Trombotta.