Variedades

El Cristo Negro de Portobelo


¡Viva el Cristo Negro de Portobelo! ¡Viva Jesús Nazareno! Son los estentóreos gritos del populacho, en medio de la negra noche. Las candelas de los cirios se reflejan danzantes, creando otras tantas sombras que también se mueven al unísono. Sobre su anda, la figura principal, un Cristo Negro doliente, quien carga una pesada cruz sobre sus espaldas. Los miles de fieles que siguen la procesión, todos están convencidos que la figura, vestida con un rico hábito color morado con guarniciones doradas, todo de pesado terciopelo y de la cual guindan ricas ofrendas de oro, los está mirando tan solo a ellos. Tan solo escucha sus pecados y los perdona, pues él también es un reo, camino al calvario.
La dramática escena, está llena de fervor católico y aderezada de melodías religiosas ancestrales que le añaden cierta dosis de paganismo. Son las notas de decenas de músicos espontáneos, que sirven para que los que cargan a El Nazareno, lo bailen, siguiéndole el ritmo.
Las trompetas con los demás instrumentos de viento, siguen el compás del redoblante y el sordo retumbar del bombo. ¡Viva el Negrón! La imagen, cual un galeón en mar embravecida, corta las cabezas de la multitud y se abre paso majestuosamente. De pronto retrocede, tres pa"lante y dos pa"tras. Las estrechas callejuelas, las murallas de la colonial ciudad hacen el eco de los gritos, de las plegarias y relfejan las luces de las velas que cada asistente lleva en la mano. Un pueblo creyente muestra su folklore, sus agradecimientos, lágrimas y tristeza a una milagrosa imagen con un rostro severo, misericordioso, dulce, según el reflejo del alma del que lo mire.
Cada año, el 21 de octubre, se repiten estas escenas que tienen mucho de fiesta pagana. Más de 50,000 personas participan en las fiestas del Cristo Negro de San Felipe de Portobelo, en el Caribe panameño. Es la fecha para que estos peregrinos expíen sus culpas o cumplan las promesas realizadas por los milagros que su fe reconoce. Llegan caminando, arrastrándose, de rodillas. Mortificándose con el calor de la parafina que derraman las velas que sus acólitos les derraman sobre sus espaldas. Algunos cargan pesados maderos, recorriendo largos trechos, cruzando los cerca de 100 kilómetros que los separan de la ciudad capital o los 50 desde Colón.
Desde el comienzo del mes de octubre, en Panamá y Colón y lugares aledaños, se nota que El Nazareno llama. En las calles se ven jóvenes, con cinturones con sus colores trenzados, el amarillo y el morado. También los hay quienes visten hábitos similares a los de la imagen. El Nazareno tiene devotos en todo Panamá, pero es un santo metropolitano muy ligado a Panamá y Colón. Durante todo el año la Iglesia de San Felipe es visitada por feligreses pero es en octubre 21, la fecha en que la imagen llegó en aquél lejano año, cuando comienza el éxodo. Todos los caminos conducen a Portobelo. Días antes, los peregrinos comienzan a recorrer la ruta transístmica. El mismo recorrido que hicieron los piratas de Henry Morgan para saquear a Panamá, luego de saquear la ciudad del cristo.
El camino se viste de morado, es época de lluvias que continuamente empapan a los peregrinos. Estos se guarecen en los portales. La ruta es peligrosa, la carretera transístmica sube y baja, al llegar a Sabanitas, se toma a la derecha si se va desde Panamá y se recorre el camino de la Costa Arriba. Llegan horas antes de la salida de la procesión, con los pies hinchados, llenos de lodo, algunos de rodillas, con éstas hechas llagas, en carne viva. Pero para otros ha llegado la hora de cargar al Negro.
Para evitar el tumulto en la procesión y poder cargar el anda hay que anotarse en la oficina parroquial. Pero antes se arroja el hábito en una ruma que han formado los que los lanzaron antes. Allí van los pecados, el alma va limpia. Ahora se busca un barbero para recortar las melenas y barbas que se dejaron crecer por amor al Nazareno. Cumplidos estos requisitos, se descansa en los portales de las casas, si hay suerte se les prestará un baño, de otra manera queda la opción del mar y los muros y los cañones de las fortalezas españolas les darán abrigo.
En todos los radios del pueblo, en los toldos populares que abundan, en ellos es donde se celebrará la fiesta patronal, se escucha la voz de Ismael Rivera, el cantante puertorriqueño con alma panameña, el Brujo de Borinquen, cantando: "El Nazareno me dijo que ayudara a mis amigos. Con Sorolo, con Lamerito y Tuñón voy pa" Portobelo a cargar el Negrón".
Estas sencillas coplas, que guardan el más sabio principio de Cristo, "amar al prójimo", se ha inmortalizado y recorrieron la América entera, anunciando que El Nazareno es severo, terrible, pero lleno de consuelo, que no sabe de razas pues su tez es muy negra...
La imagen ya ha recorrido las calles empedradas de la población, es cerca de la medianoche, salió por una puerta lateral de la iglesia. El anda sobre los hombros de los penitentes se bambolea. Sólo los fuertes pueden cargarla, se requiere cierta estatura para no desentonar. Entrará por el frente, pero tiene que entrar dándole la cara a su pueblo. El bailoteo del anda que no ha cesado da un giro de 360 grados y un clamor se oye. El Nazareno nos mira. Alguien murmura: "El también fue juzgado, murió entre ladrones, era un hombre de adelante, así que no puede ser muy exigente para juzgarnos, por eso venimos, a pesar que nos registran la policía en las afueras del pueblo". La imagen sobrecogedora desde la altura de su anda recoge el grito y lentamente traspasa la puerta del templo. ¡Viva El Cristo Negro de Portobelo!


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70506
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América