En los alrededores de la Stephansplatz, frente a la Gran Catedral, un grupo de personas ataviadas al estilo del Siglo XVIII invitan a los transeúntes de todo el mundo a escuchar las melodías de las sinfonías de Wolfgang Amadeus Mozart.
"Venga esta noche, es gratis, en la Opera de Viena", dice una dama con un traje y cabellera similar a los nobles el Imperio Austriaco.
Las calles del centro de Viena se llenan de gente que compran los deliciosos dulces y chocolates de Mozart, quizás la primera superestrella de la música. Todo se enfoca a Mozart y las tonadas del ilustre austriaco atraen a las personas cual flautista de Hamelin.
Pese a ser tentados por semejante invitación cultural, nuestra sangre tropical quería ver otros sitios "culturales" de Viena. Motivados por el grupo, nos dirigimos a ver el majestuoso Danubio, que en esa noche un templado fresco invitaba a los turistas a disfrutar de sus parajes.
Viena es una de las tantas ciudades europeas que se pueden dar el lujo de tener un excelente sistema de transporte urbano. La Línea Roja U-1 nos llevó desde el centro de la capital austriaca, en Schwedenplatz, hacia una estación cercana al complejo diplomático de las Naciones Unidas.
El Gran Danubio no estaba azul esta vez. Un verde claro llenaba sus aguas y la luna llena a lo lejos dejaba ver a cientos de muchachos y parejas que se dirigían a las discotecas de Viena.
Donauinsel (la Isla del Danubio), estaba atestada de jóvenes y adultos con bríos de disfrutar la noche primaveral. Invitados por esta masa animada, nuestro grupo y yo llegamos, pero al rato nos asombramos de escuchar algo: En las plazoletas de las discotecas vienesas y en los pindines frente al río mitológico no había siquiera la música de Mozart. Allí dominaba la salsa, el merengue, el reggaetón y las canciones de Shakira.
"Ves amigo", nos decía un periodista tico, "ellos nos dominan con la tecnología, sus autos, sus inversiones". "Pero América Latina los globalizó con su música caliente", acotó.
El fenómeno de la globalización de las culturas en Viena era también en los tragos. La cerveza vienesa, sabrosa pero un poco amarga, era reemplazada en el bar "Las Tres Marías" por la Caipirinha o el Mojito cubano.
Mientras transitábamos por el puente peatonal sobre el Danubio, vimos algunas parejas hablando del romance bajo la música de Olga Tañón. De vez en cuando, un ballenato y un destello de bachata hacía encrespar nuestra piel para bailar.
La que para los panameños y latinoamericanos parecía una mera histórica ciudad europea, lejana al tacto humano tropical de nuestros lares, Viena ofrece una cara distinta y atractiva para el viajero istmeño.
Con más de 1, 8 millones de personas, la capital del otrora Imperio Austrohúngaro tiene un sinfín de palacios y parques que muestran el pasado glorioso de la Humanidad.
La Casa Imperial de los Habsburgo estableció su reino en ella. Mencionar el Palacio del Belvedere, la Rathaus, la Karloplatz, el Volkstheater y la Escuela Española de Equitación son sólo un breve resumen de los sitios que uno debe recorrer para empaparse con la historia. El Casco Antiguo de Viena puede recorrerse en carruajes que se pasean frente a los principales monumentos de la zona.
Cerca del Hotel Messe Wien, en donde nos hospedamos a un buen precio, está el famoso Prater, un gigantesco parque de diversiones en medio de una arboleda. Grandes juegos mecánicos, tiros de suertes, restaurantes y casinos dan a los visitantes la distracción para relajarse. Varias ruedas de la fortuna permiten al turista ver gran parte de Viena y sus alrededores.
Una gran impresión sobre la comida de Viena es el Heuriger Zimmermann, un hostal de la Edad Media transformado en un restaurante abierto, en donde se prueban diversos platos típicos de Austria.
Carnes de todo tipo, pescados, embutidos vieneses, dulces, panes y ensaladas se mezclan con la agradable presencia de acordionistas que tocan canciones antiguas de los viejos tiempos de Viena.
La antigua ciudad austriaca tiene transportes las 24 horas. Algunas rutas del metro funcionan hasta en la madrugada y los tranvías recorren la urbe hasta bien tarde. El servicio de taxis en Viena es excelente y barato, dependiendo de las distancias.
El idioma no es un problema. Pese a que se habla alemán, en Viena por ser una ciudad sede de importantes organismos internacionales, se habla inglés, francés, portugués y hasta español.
Ahh! No olvide comprar sus chocolates conmemorativos de Mozart, pues este país de Europa Central celebra en estas fechas los 250 años del nacimiento del gran pianista y compositor austriaco, oriundo de Salzburgo.
Hay varias opciones para viajar a Austria. Operadores turísticos recomiendan adquirir con seis meses de antelación los boletos de avión, que suelen dar ofertas que rondan los 800 a 1, 100 dólares el pasaje ida y vuelta.
Hacia Viena vuelan la aerolínea Lufthansa y Austrian Air, cuya alianza facilitan las escalas con varias terminales aéreas. Se recomienda la ruta desde Panamá vía Caracas - Frankfurt del Meno - Viena, pues es menos traumática por las revisiones o retrasos por seguridad en Estados Unidos.
Austria permite la estadía de turistas y hombres de negocios panameños, además de otras nacionalidades latinoamericanas, en calidad de visitantes por 90 días (tres meses).