El estrés de fin de año es el resultado de las grandes expectativas. La gran cantidad de compromisos de toda índole, sumada a las imposiciones de una cultura que añaden un importante elemento de consumismo han hecho perder el verdadero sentido a una celebración que debería tener una dimensión espiritual y de unión.
Sin importar cuál sea el caso, existe gente que se dedica a gastar y gastar dinero a manos llenas, promoviendo falsas concepciones sobre lo que es la verdadera felicidad, según las cuales quien más compra, es más feliz.
"Un cambio en la conducta del individuo produce un frenesí y una gran tensión sobre cómo disfrutar y sentirse bien durante esta época, produciendo algunos conflictos", considera el doctor Eduardo Espino, médico sicólogo.
"La crisis económica que vivimos hace que inconscientemente, diciembre sea considerado como el mes del desquite, en el que debemos comprar todo lo que no hemos podido durante el año, producto de las limitaciones económicas: hipoteca, carro, tarjetas de crédito, etc."
Muchos cometen el error de regalarse hasta lo que no deben, aunque darse ese gusto represente grandes compromisos financieros que pesarán para el futuro.
Muchos panameños dejan de pagar importantes compromisos y se endeudan. Cada vez que adquirimos una deuda, nos precipitamos a un abismo de incertidumbre y zozobra, pues no conocemos las repercusiones que nuestros actos tendrán hasta que los cheques revelen la miseria a la que nos hemos condenado. La crisis empeora, problemas económicos de los más traumáticos ... la cabeza nos da vueltas, pues ya no sabemos cómo salir del atolladero.
De ahí comienza el estrés a apoderarse de nosotros. Sencillamente podemos caer en una crisis de nervios y hasta en el último de los casos, llegar a parar en el hospital.
Es fácil frustrarse al no tener una persona que comparta con nosotros estas fechas,. Muchos buscan escapar de la realidad, refugiándonos en una tienda en la que pasan horas hasta sumergirse en las telas, adornos, maquillajes, calzados y demás, lo que pareciera sedarlos.
El tráfico de tanta gente que programa vacaciones para esa temporada es otra fuente de estrés, igual que las aglomeraciones de personas.
Al perderse el auténtico sentido de la celebración, la gente se siente vacía. Empezar el nuevo año con esta sensación, aunado a la incertidumbre de los tiempos, y particularmente, la forma como se presentará el año que está por comenzar, causa una depresión en algunas personas.
Las festividades son para muchos una época de intensa actividad y cambios en la rutina familiar, presión económica, expectativas poco realistas y tristeza por la imposibilidad de reunirse con los seres queridos.
Estos factores aumentan la tensión. Sin embargo, es importante encontrar otras maneras de reducir el estrés.