Su elección ha acentuado aún más la sensación de cercanía, que transmite el príncipe de Asturias, y que, junto a su estilizado porte, le ha hecho muy popular entre los que algún día serán sus súbditos. Letizia Ortiz Rocasolano, una joven profesional divorciada de 31 años, se convirtió en princesa de Asturias y futura reina de España, decisión que en pocos meses cambió radicalmente su vida.
Guapa, inteligente, meticulosa, concienzuda y creativa han sido algunos de los adjetivos que sus conocidos y allegados le atribuyeron a esta joven de clase media y padres divorciados, que se convirtió en novia del príncipe en la primavera de 2003.
Minutos antes del mediodía, el príncipe se dirigió a la novia y dijo: "Letizia, toma este anillo en señal de mi amor y fidelidad hacia ti en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo", en el tradicional intercambio de votos de la liturgia católica.
La novia lucía la tiara que llevó la reina Sofía el día de su boda. Desde pasadas las 9 de la mañana comenzaron a llegar a la catedral de La Almudena los 1.400 invitados al enlace, miembros de familias reales de todo el mundo junto a destacadas personalidades de la política, la cultura, el deporte y las finanzas.
El gobierno en pleno, encabezado por su presidente José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado de su esposa Sonsoles Espinosa, asistió a una boda que ha traído a la capital de España un ambiente festivo dos meses después del atentado que costó la vida a 191 personas el 11 de marzo, tres días antes de las elecciones generales.
"Esto es algo para recordar para siempre. Es algo diferente y hace que lo otro (los atentados) se olvide", dijo Emilio Sierra, de unos 60 años, que ha viajado desde Asturias, tierra natal de la novia, a Madrid.
La seguridad en la capital fue en estos días extrema, no se quiso dejar nada al azar, y unos 18.000 efectivos policiales vigilaron día y noche para que no ocurriera nada durante el acontecimiento y, especialmente, durante el cortejo nupcial de los recién casados por las principales calles de Madrid.